Muppet Rey Arturo: Una relectura satírica de la leyenda artúrica
La miniserie de cómics *Muppet Rey Arturo* (publicada originalmente por BOOM! Studios y compuesta por cuatro números) representa uno de los ejercicios de adaptación más ingeniosos dentro de la línea editorial que revitalizó a los personajes de Jim Henson en el papel impreso. Escrita por Paul Benjamin y Patrick Storck, e ilustrada por James Silvani, esta obra no es simplemente una parodia superficial, sino una traslación completa del ecosistema de los Muppets al folclore medieval británico, respetando tanto la estructura de las leyendas de Thomas Malory como el caos anárquico propio de *The Muppet Show*.
La premisa sitúa a la rana Gustavo (Kermit) en el papel central de Arturo. La narrativa comienza con el tropo clásico del joven escudero de origen humilde que, por azares del destino y una buena dosis de confusión cómica, termina extrayendo la espada Excalibur de la roca. A partir de este momento, el cómic despliega una estructura episódica que recorre los hitos fundamentales del mito: la formación de la Mesa Redonda, la búsqueda del Santo Grial y las intrigas palaciegas, todo ello filtrado por la sensibilidad de los Muppets.
Uno de los mayores aciertos de esta colección es el "casting" de los personajes, una decisión creativa que define el tono de la historia. Gustavo encarna a un Arturo pragmático y algo abrumado que intenta mantener el orden en un reino que parece conspirar contra el sentido común. A su lado, el Gran Gonzo asume el papel de Sir Lancelot, una elección brillante dado que la naturaleza temeraria y excéntrica del personaje encaja perfectamente con las proezas (a menudo absurdas) del caballero más famoso de la corte. Fozzie, por su parte, interpreta a Sir Percival, aportando su característico humor de juegos de palabras y chistes fallidos que, en el contexto de la caballería andante, adquieren una nueva dimensión de patetismo entrañable.
El antagonismo recae, de manera inevitable y magistral, en la Señorita Peggy, quien interpreta a Morgana le Fay. La dinámica entre ella y Gustavo se traslada al escenario medieval con una tensión cómica constante, donde la ambición de poder de Morgana choca con su afecto volátil por el rey. Otros personajes secundarios completan el tapiz: Sam el Águila como Sir Kay, aportando el rigor moralista y la pomposidad necesaria; Rowlf (el perro pianista) como un Merlín más interesado en la música y el sarcasmo que en la alta magia; y el oso Bobo como el Rey Uther.
Visualmente, el trabajo de James Silvani es excepcional. Silvani logra capturar la tridimensionalidad y la expresividad de las marionetas originales, permitiendo que los lectores "escuchen" las voces de los personajes a través de sus gestos. El diseño de producción del cómic —las armaduras, los castillos y los paisajes— mantiene un equilibrio entre el realismo de la fantasía épica y la estética colorida de un set de televisión. El uso del color refuerza esta dualidad, con tonos vibrantes que contrastan con la supuesta solemnidad de la Edad Media.
Narrativamente, los números 1 a 4 funcionan como un arco cerrado que subvierte las expectativas del lector. El guion de Benjamin y Storck está plagado de metahumor y rupturas de la cuarta pared, recordándonos constantemente que estamos ante una representación teatral de los Muppets. Los conflictos no se resuelven mediante la violencia épica tradicional, sino a través del absurdo, el slapstick y la lógica circular que ha definido a la franquicia durante décadas.
En conclusión, *Muppet Rey Arturo* es una obra esencial para entender la versatilidad de estos personajes en el medio del cómic. Logra ser fiel a la leyenda artúrica en sus puntos clave mientras disecciona sus convenciones con un humor inteligente que apela tanto a lectores infantiles como a adultos conocedores del material original. Es una celebración de la narrativa clásica vista a través del cristal deformante y alegre de la creación más famosa de Jim Henson.