Muerdeuñas (*Nailbiter*), creada por el guionista Joshua Williamson y el dibujante Mike Henderson, es una de las obras más sólidas del catálogo contemporáneo de Image Comics, consolidándose como un referente del *thriller* de terror y el suspense procedimental en el medio del cómic. La premisa se sitúa en Buckaroo, Oregón, una localidad aparentemente idílica que ostenta un récord macabro: es el lugar de nacimiento de dieciséis de los asesinos en serie más atroces y prolíficos de los Estados Unidos, conocidos popularmente como los «Carniceros de Buckaroo».
La narrativa arranca con la desaparición de Elliott Carroll, un agente del FBI que había dedicado los últimos años de su vida a investigar el fenómeno de Buckaroo. Carroll estaba convencido de haber descubierto finalmente el patrón o la causa raíz que explica por qué este pequeño pueblo produce tal concentración de psicópatas. Ante su pérdida de rastro, entra en escena el protagonista, Nicholas Finch, un agente federal con un historial de métodos cuestionables y un estado mental al borde del colapso. Finch llega a Buckaroo no solo para encontrar a su amigo y mentor, sino para enfrentarse a la pregunta que obsesiona a criminólogos y teóricos de todo el país: ¿Es algo en el agua, en la tierra, o hay una fuerza más siniestra moldeando a estos monstruos?
El eje gravitacional de la serie es Edward Charles Warren, el asesino número dieciséis, apodado «Muerdeuñas». Warren obtuvo su alias por su perturbadora firma: morder las uñas de sus víctimas (y a veces sus dedos) hasta el hueso mientras aún estaban vivas. A diferencia de sus predecesores, Warren fue capturado pero posteriormente absuelto por un tecnicismo legal, lo que le permite vivir libremente en Buckaroo, bajo la vigilancia constante de la sheriff local, Shannon Crane. La dinámica entre Finch, Crane y Warren constituye el motor de la historia. Warren se presenta como una figura ambigua, un consultor forzoso al estilo de Hannibal Lecter, que posee las claves del misterio pero prefiere jugar con la cordura de quienes intentan resolverlo.
A nivel estructural, *Muerdeuñas* funciona como un rompecabezas de horror. Cada arco argumental profundiza en la mitología de los distintos asesinos que han salido del pueblo, como «El Carnicero de Buckaroo», «El Silbador» o «La Maestra de Escuela», aportando una textura de *slasher* clásico a una trama de investigación criminal moderna. La serie evita caer en el gore gratuito, utilizando la violencia de manera estratégica para subrayar la peligrosidad del entorno y la volatilidad de sus habitantes.
El apartado visual de Mike Henderson es fundamental para la atmósfera de la obra. Su estilo, caracterizado por un trazo limpio pero capaz de volverse crudo y detallado en los momentos de tensión, logra capturar la dualidad de Buckaroo: la normalidad de un pueblo estadounidense frente a la oscuridad que late bajo su superficie. El uso del color por parte de Adam Guzowski refuerza esta sensación, empleando paletas que transitan de la cotidianidad otoñal a los rojos intensos y sombras profundas que definen los encuentros con el horror.
La obra no se limita a ser un simple catálogo de crímenes. Explora temas como la obsesión de la sociedad moderna con la figura del asesino en serie, el morbo mediático y el peso del legado familiar. Buckaroo es un pueblo que vive a la sombra de sus monstruos, donde el turismo macabro convive con el trauma de los supervivientes. La tensión narrativa se mantiene constante gracias a un guion que dosifica la información, planteando nuevas interrogantes a medida que Finch y Crane desentierran secretos que la comunidad preferiría mantener ocultos.
En definitiva, *Muerdeuñas* es un ejercicio de género impecable que combina la intriga de *Twin Peaks* con la crudeza de *Seven*. Es una exploración sobre la naturaleza del mal —si este nace o se hace— y un viaje hacia el corazón de una conspiración que desafía la lógica criminalística convencional. Para el lector de cómics, representa una lectura obligatoria dentro del suspense, destacando por su ritmo cinematográfico y su capacidad para mantener el misterio hasta sus últimas consecuencias.