MOT

Para entender la importancia de MOT, no solo debemos mirar las viñetas, sino también el contexto de una época dorada del cómic español. Publicado originalmente a finales de los años 80 en el suplemento infantil *El Pequeño País*, esta obra es el resultado de la colaboración entre el guionista Nacho (Ignacio Moreno) y el legendario dibujante Alfonso Azpiri. Lo que comenzó como una tira para jóvenes lectores terminó convirtiéndose en un fenómeno transgeneracional que definió la estética de la fantasía en España y dio el salto a la animación internacional.

La premisa de *MOT* parte de un concepto universal: el miedo a lo que se esconde en el armario o bajo la cama. Sin embargo, Nacho y Azpiri le dan la vuelta a este tropo con una maestría absoluta. El protagonista es Leo, un niño aparentemente normal, con una vida cotidiana marcada por los deberes y la rutina urbana. Su existencia cambia drásticamente cuando, a través de un portal dimensional situado en su propio dormitorio, irrumpe Mot, una criatura gigantesca, de un vibrante color violeta, con cuernos, una mandíbula prominente y un apetito voraz por la aventura (y por casi cualquier cosa comestible).

Mot no es el típico monstruo aterrador de las pesadillas. Aunque su tamaño es imponente y su aspecto podría intimidar a cualquiera, su personalidad es una mezcla caótica de ingenuidad infantil, lealtad inquebrantable y un desprecio absoluto por las leyes de la física y el orden lógico. Es un "monstruo" que actúa más como un amigo imaginario que ha cobrado una realidad física desbordante. La dinámica entre ambos es el corazón de la obra: Leo aporta el sentido común y la perspectiva humana, mientras que Mot es el catalizador del caos, el guía involuntario hacia mundos que desafían la imaginación.

El gran valor de este cómic reside en su capacidad para transportar al lector a través del tiempo y el espacio. Las historias de *MOT* no se limitan a las cuatro paredes del cuarto de Leo. Gracias a la capacidad del monstruo para abrir brechas en la realidad, la pareja viaja a civilizaciones perdidas, futuros distópicos, selvas prehistóricas y dimensiones donde la lógica no tiene lugar. Cada álbum es una invitación a la exploración pura, donde el peligro siempre acecha, pero el sentido del humor y la maravilla visual nunca abandonan el timón.

Hablar de *MOT* es, obligatoriamente, hablar del arte de Alfonso Azpiri. El dibujante madrileño, conocido por su estilo exuberante y su dominio del color, alcanzó aquí una de sus cimas creativas. Su diseño de Mot es icónico: una criatura que logra ser grotesca y adorable al mismo tiempo, con una expresividad facial que comunica más que cualquier diálogo. Los escenarios que Azpiri construye son detallistas y vibrantes; sus fondos no son meros decorados, sino mundos vivos que parecen querer salirse de los márgenes de la página. El uso de la iluminación y las texturas orgánicas dota a la obra de una atmósfera única, a medio camino entre el sueño febril y la aventura épica de serie B.

A diferencia de otros cómics infantiles de la época, *MOT* no trataba a sus lectores con condescendencia. Sus tramas a menudo incluían críticas sutiles a la sociedad, toques de surrealismo y una narrativa visual que exigía atención. La relación entre Leo y Mot es también una metáfora del crecimiento y de la necesidad de mantener viva la chispa de la fantasía frente a la rigidez del mundo adulto. Mot representa esa fuerza indomable de la imaginación que se niega a ser domesticada por las reglas de los mayores.

En resumen, *MOT* es una obra fundamental para cualquier amante del noveno arte. Es un viaje visualmente deslumbrante que captura la esencia de la aventura sin fin. Para el lector que se acerque por primera vez, encontrará un universo donde lo imposible es cotidiano y donde un monstruo violeta puede convertirse en el mejor compañero de viaje. No es solo un cómic de aventuras; es un testimonio del poder del dibujo y del guion para romper las barreras de la realidad y recordarnos que, a veces, lo mejor que nos puede pasar es que algo extraño y gigante salga de nuestro armario para llevarnos a lo desconocido.

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