La obra "Moscón y Polilla", creada por el prolífico y magistral dibujante Juan Rafart Roldán (Raf), representa uno de los pilares fundamentales del humor de la denominada "Escuela Bruguera". Esta serie, que comenzó su andadura en la revista *Tío Vivo* a principios de los años 60, se consolida en estos volúmenes como una pieza clave para entender la evolución del tebeo cómico español y la transición hacia un estilo visual más dinámico y moderno.
La premisa de la serie se articula en torno a una pareja de detectives privados —o agentes de información, según la entrega— que operan bajo una precariedad absoluta. La estructura narrativa sigue la tradición del dúo cómico contrapuesto, tanto en lo físico como en lo psicológico. Moscón, el líder del equipo, es un personaje alto, delgado, con un bigote característico y una actitud autoritaria que oculta una incompetencia supina. Es el estratega fallido, el hombre que proyecta una imagen de profesionalidad que se desmorona al primer contacto con la realidad. Por otro lado, Polilla es el contrapunto perfecto: bajo, rechoncho, de carácter dócil y resignado, es quien suele sufrir las consecuencias físicas de los planes erráticos de su jefe.
En los números que comprenden esta etapa (1-2), el lector se encuentra con una sucesión de casos que parodian los tropos del género negro y de espionaje, adaptándolos a la idiosincrasia de la España de la época. Las misiones, que van desde la vigilancia de maridos infieles hasta la recuperación de objetos valiosos o la resolución de misterios domésticos, sirven como vehículo para desplegar un humor basado en el *slapstick* (comedia física) y en la frustración constante. A diferencia de otros detectives de la misma editorial, Moscón y Polilla no suelen enfrentarse a grandes organizaciones criminales, sino a la propia torpeza y a un entorno social que les es hostil por su falta de recursos.
Desde el punto de vista técnico, el trabajo de Raf en estos volúmenes es excepcional. El autor se aleja de la rigidez de los primeros años de Bruguera para abrazar una línea mucho más nerviosa, fluida y expresiva. Raf es un maestro del movimiento; sus personajes nunca están estáticos, incluso cuando dialogan, sus cuerpos transmiten una energía cinética que anticipa la acción. El diseño de las viñetas es denso pero legible, cargado de detalles en los fondos que enriquecen la atmósfera de las oficinas destartaladas y las calles de una ciudad genérica pero reconocible.
Un aspecto fundamental de esta obra es el uso del lenguaje y el ritmo narrativo. Raf maneja con precisión los tiempos del gag, estirando la tensión hasta un clímax que invariablemente termina en desastre para los protagonistas. Los diálogos son rápidos, llenos de juegos de palabras y de una ironía que, en ocasiones, roza el cinismo. Existe una crítica subyacente a la burocracia y a las jerarquías laborales, donde el subordinado (Polilla) es siempre el chivo expiatorio de las ínfulas de grandeza del superior (Moscón).
La importancia de estos volúmenes radica también en la consolidación del estilo propio de Raf, quien más tarde alcanzaría la cima con personajes como *Sir Tim O'Theo*. En "Moscón y Polilla", ya se percibe esa capacidad para crear mundos coherentes dentro de la brevedad de las historietas de dos o cuatro páginas. La química entre los personajes es inmediata y la falta de éxito en sus empresas profesionales genera una empatía directa con el lector, quien reconoce en sus fracasos una constante humana universal.
En resumen, "Moscón y Polilla 1-2" no es solo una recopilación de historietas de humor; es un documento