Las denominadas «Historias Largas Apócrifas Alemanas» de Mortadelo y Filemón constituyen uno de los capítulos más singulares, complejos y, durante décadas, oscuros de la historieta española. Para comprender este corpus de obras, es imprescindible situarse en la convulsa década de los 80, un periodo marcado por la salida de Francisco Ibáñez de la Editorial Bruguera y la posterior batalla legal por los derechos de sus personajes. Mientras el autor perdía temporalmente el control de sus criaturas, la maquinaria editorial continuó produciendo material para satisfacer una demanda que no solo era nacional, sino internacional, con Alemania como principal mercado extranjero.
El fenómeno de las historias apócrifas alemanas surge de la colaboración entre la editorial española Bruguera (y posteriormente Ediciones B) y la editorial germana Bastei Verlag. En Alemania, Mortadelo y Filemón —conocidos allí como *Clever & Smart*— gozaban de un éxito arrollador, superando en ocasiones las cifras de ventas españolas. Ante la escasez de material nuevo firmado por Ibáñez, Bastei Verlag comenzó a encargar historietas de larga extensión (44 páginas) que no pasaban por el filtro creativo del autor original. Estas obras fueron realizadas por equipos de artistas vinculados a agencias como Interpubli o Creaciones Editoriales, destacando nombres como los de Ramón Torrents o Juan Manuel Muñoz, entre otros, quienes trabajaban bajo directrices que a menudo buscaban adaptar el humor de la T.I.A. a los gustos específicos del público teutón.
Desde un punto de vista técnico y artístico, estas historias presentan una ruptura estética y narrativa con el canon de Ibáñez. Aunque los dibujantes eran profesionales de enorme solvencia, el estilo visual tiende a alejarse de la elasticidad y el detallismo extremo del creador original. En estas páginas, es común observar un diseño de personajes ligeramente «off-model», con proporciones que varían y una puesta en escena que carece de la densidad de gags visuales en segundo plano tan característica de la serie oficial. El entintado y el color suelen ser más planos, y la narrativa visual se vuelve más funcional, menos frenética, adaptándose a un ritmo de lectura diferente.
Narrativamente, las historias apócrifas alemanas se distinguen por sus temáticas y su tono. Al no contar con los guiones de Ibáñez, las tramas suelen ser más lineales y se apoyan menos en el juego de palabras o el absurdo surrealista, inclinándose hacia la aventura de acción, el espionaje convencional o incluso la ciencia ficción. Es notable la presencia de una violencia algo más explícita o ruda, y un tratamiento de los personajes que a veces choca con su idiosincrasia habitual: Filemón puede mostrarse más autoritario de lo normal y Mortadelo, en ocasiones, pierde parte de su ingenio camaleónico para convertirse en un mero ejecutor de gags físicos. Títulos como *En el país del Sol Naciente* o *A la caza del Chupacabras* (en sus versiones originales para aquel mercado) son ejemplos de esta etapa donde la T.I.A. se internacionalizó de forma forzosa.
Otro aspecto fundamental es la estructura de los álbumes. Mientras que Ibáñez perfeccionó la historia larga dividida en capítulos autoconclusivos que mantenían una tensión constante, las versiones alemanas suelen presentar una estructura de bloque único, con un desarrollo más pausado que a veces deriva en situaciones repetitivas. Sin embargo, estas obras permitieron explorar escenarios y contextos que Ibáñez no había tocado hasta entonces, ofreciendo una visión alternativa y casi «multiversal» de los agentes.
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