La obra 'Morgana', guionizada por Simon Kansara e ilustrada magistralmente por Stéphane Fert, se erige como una de las reinterpretaciones más potentes y visualmente fascinantes del ciclo artúrico en el cómic contemporáneo. Publicada originalmente por la editorial francesa Delcourt, esta novela gráfica no busca simplemente narrar una vez más las leyendas de Camelot, sino que propone una subversión total del punto de vista tradicional, desplazando el foco de la figura del Rey Arturo o la sabiduría de Merlín hacia la figura, a menudo vilipendiada, de Morgana Le Fay.
La narrativa nos sitúa en una Bretaña sumida en el caos y la transición. Desde las primeras páginas, el lector es testigo del trauma fundacional de la protagonista: la traición de Uther Pendragon contra su familia y la usurpación del trono. A diferencia de las versiones clásicas donde Morgana es una antagonista movida por la envidia o la maldad inherente, Kansara la construye aquí como una mujer despojada de su herencia, de su destino y de su voz por un sistema patriarcal que teme su potencial. La historia sigue su evolución desde una infancia marcada por la pérdida hasta su transformación en una fuerza de la naturaleza que reclama lo que le pertenece por derecho de sangre y de magia.
Uno de los pilares fundamentales de este cómic es la compleja relación entre Morgana y Merlín. El mago no es presentado como el mentor benevolente de las leyendas infantiles, sino como un arquitecto de destinos, un manipulador que busca moldear el futuro de la isla según sus propios designios, a menudo a costa de la voluntad de quienes lo rodean. Morgana se convierte en su alumna, pero pronto descubre que el conocimiento que Merlín le ofrece es una jaula de oro. El conflicto central no es solo una lucha por el poder político, sino una batalla por la autonomía personal y el derecho a definir la propia identidad frente a las profecías impuestas.
Temáticamente, 'Morgana' explora la colisión entre dos mundos: el antiguo orden de la magia, profundamente ligado a la naturaleza y a lo femenino, y el nuevo orden de la caballería cristiana, simbolizado por la Mesa Redonda y la espada Excalibur. La obra denuncia cómo la historia es escrita por los vencedores y cómo, en ese proceso, las mujeres poderosas son relegadas al papel de brujas o locas. Morgana encarna la resistencia contra este borrado histórico, convirtiéndose en un símbolo de la furia legítima y la búsqueda de justicia en un mundo que intenta silenciarla.
En el apartado visual, el trabajo de Stéphane Fert es, sencillamente, extraordinario. Fert se aleja del realismo convencional del cómic europeo para abrazar una estética pictórica que bebe directamente del expresionismo y de la ilustración de cuentos de hadas oscuros. Su uso del color es narrativo en sí mismo; las paletas cambian para reflejar el estado anímico de Morgana o la atmósfera mística de los bosques de Brocelianda. Las formas son orgánicas, fluidas y, en ocasiones, deliberadamente deformadas para enfatizar la carga emocional de las escenas. El dibujo de Fert no solo ilustra la historia, sino que crea una atmósfera onírica y visceral que sumerge al lector en una mitología que se siente viva y peligrosa.
Sin caer en el anacronismo forzado, el guion de Kansara dota a los diálogos de una profundidad psicológica moderna, permitiendo que los personajes respiren más allá de sus arquetipos legendarios. Arturo, Ginebra y Lancelot aparecen, pero siempre vistos a través del prisma de Morgana, lo que ofrece una perspectiva refrescante y a menudo crítica sobre sus motivaciones y debilidades.
En conclusión, 'Morgana' es una obra imprescindible para cualquier amante del noveno arte y de la mitología. Es un cómic que destaca por su valentía narrativa y su deslumbrante belleza plástica. No es solo una historia de magia y espadas; es un manifiesto sobre la libertad, una exploración del dolor transformado en poder y una necesaria reparación histórica para uno de los personajes más fascinantes y maltratados de la literatura universal. Una lectura que desafía las convenciones y deja una huella duradera tanto en la retina como en el intelecto.