Morbo – Magazine de terror

Morbo: La anatomía del horror visceral en el cómic español

*Morbo – Magazine de terror* representa uno de los capítulos más singulares y crudos de la historieta adulta en España. Publicada a finales de la década de los 80 por Ediciones Metropol, esta cabecera surgió en un momento de mutación para el mercado del cómic nacional. Mientras las grandes revistas de la era del "boom" empezaban a mostrar signos de agotamiento, *Morbo* apareció con una propuesta que buscaba radicalizar el género de terror, alejándose de los tropos góticos clásicos para abrazar una estética mucho más urbana, sucia y, como su nombre indica, centrada en la fascinación por lo desagradable y lo prohibido.

La estructura de la revista se basa en la antología de historias cortas, un formato heredado de cabeceras legendarias como *Creepy* o *Dossier Negro*, pero con una vuelta de tuerca conceptual. En *Morbo*, el miedo no proviene necesariamente de criaturas sobrenaturales o castillos lejanos, sino de la degradación humana, las psicopatías urbanas y una violencia física y psicológica que se siente incómodamente cercana. La línea editorial de Metropol, impulsada por autores que buscaban una libertad creativa total, permitió que la revista explorara los límites de lo que se podía mostrar en el papel, convirtiéndola en un objeto de culto para los aficionados al horror más transgresor.

Desde el punto de vista artístico, *Morbo* destaca por un plantel de colaboradores que hoy son considerados maestros del medio. La revista sirvió de escaparate para estilos visuales muy diversos pero cohesionados por una atmósfera opresiva. Encontramos, por ejemplo, el trabajo de Miguelanxo Prado en una faceta mucho más oscura y turbia de la que mostraría en sus obras posteriores más líricas. También destaca la presencia de Das Pastoras, cuyo dibujo denso, detallado y casi orgánico dotaba a las historias de una fisicidad abrumadora. Otros autores como Martí, con su estilo heredero de Chester Gould pero pasado por un filtro de pesadilla nihilista, o guionistas como Onliyú, aportaron una carga de cinismo y crítica social que elevaba el contenido más allá del simple impacto visual.

El contenido narrativo de la revista se caracteriza por un pesimismo antropológico constante. Las historias suelen cerrar con giros de guion que no buscan la justicia poética, sino subrayar la inevitabilidad de la tragedia o la fealdad del espíritu humano. Se tratan temas como la alienación en las grandes ciudades, las perversiones ocultas tras la normalidad burguesa y la fragilidad del cuerpo humano. El uso del blanco y negro en la mayoría de sus páginas no era solo una cuestión de costes de impresión, sino una elección estética que potenciaba el claroscuro y permitía que las texturas de la suciedad y la sangre tuvieran un protagonismo casi táctil.

A diferencia de otras publicaciones de terror de la época que buscaban el entretenimiento escapista, *Morbo* pretendía incomodar al lector. No se trataba de un terror de "susto", sino de un terror de "permanencia", de imágenes y conceptos que se quedan grabados por su crudeza. La revista capturó perfectamente el desencanto de una generación que veía cómo las promesas de modernidad de los años 80 convivían con bolsas de marginalidad y violencia.

En resumen, *Morbo – Magazine de terror* es un testimonio histórico de una forma de entender el cómic adulto que no pedía disculpas. Es una obra fundamental para comprender la evolución del horror en España, marcando la transición hacia un realismo sucio y una exploración de la crueldad que influiría en autores posteriores. Su lectura hoy sigue manteniendo una vigencia sorprendente,

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