Monigotes

Monigotes: El Abismo entre el Creador y su Obra

En el vasto y a veces saturado panorama del cómic contemporáneo español, surgen obras que no solo buscan entretener, sino que pretenden diseccionar la psique humana y el proceso mismo de la creación artística. *Monigotes*, la inquietante y magistral obra guionizada por Fidel de Tovar e ilustrada por Dani Xove, se erige como un thriller psicológico de tintes metaficcionales que atrapa al lector desde la primera viñeta, sumergiéndolo en una espiral de paranoia, identidad y sombras.

La premisa de *Monigotes* nos presenta a un protagonista con el que cualquier mente creativa podría sentirse identificada en un principio: un dibujante de cómics atrapado en las redes de su propia ambición y sus inseguridades. Sin embargo, lo que comienza como el retrato de un bloqueo creativo o el estrés de las entregas, pronto se transforma en algo mucho más oscuro y tangible. La historia nos introduce en la vida de un autor que empieza a experimentar una perturbadora distorsión de la realidad. Sus "monigotes" —esos bocetos rápidos, esas figuras inacabadas que pueblan los márgenes de sus cuadernos— parecen cobrar una relevancia que trasciende el papel.

El núcleo narrativo de la obra explora la delgada y peligrosa línea que separa al creador de su creación. ¿Qué sucede cuando los personajes que ideamos dejan de ser herramientas narrativas para convertirse en espejos de nuestras propias miserias? ¿O peor aún, cuando parecen adquirir una voluntad propia que empieza a filtrarse en la cotidianidad del mundo real? Fidel de Tovar teje una trama de suspense psicológico donde el lector nunca está del todo seguro de qué es real y qué es producto de la mente febril del protagonista. La narrativa se siente claustrofóbica, íntima y profundamente inquietante, recordándonos que los monstruos más aterradores no son los que vienen de otros mundos, sino los que nosotros mismos dibujamos en la oscuridad de nuestra soledad.

Visualmente, el trabajo de Dani Xove es el complemento perfecto para esta atmósfera de desasosiego. Su estilo, capaz de pasar de la limpieza del diseño de personajes a la suciedad del trazo nervioso y expresionista, refleja magistralmente el estado mental del protagonista. El uso de las sombras y la composición de las páginas juegan un papel crucial: los "monigotes" no son solo dibujos; son presencias que acechan en los espacios en blanco, en los fondos desenfocados y en los silencios entre diálogos. La estética del cómic logra que el lector sienta la misma vigilancia constante que sufre el dibujante, convirtiendo el acto de leer en una experiencia inmersiva de voyerismo y tensión.

*Monigotes* no es solo una historia sobre el miedo a la locura, sino también una crítica mordaz y melancólica al mundo editorial y a la presión que sufren los artistas para producir contenido que sea, a la vez, personal y comercialmente viable. Es un viaje hacia el interior de la "página en blanco", ese abismo que devuelve la mirada y que, en esta obra, parece tener ojos propios que nos observan desde cada esquina del panel.

Sin caer en los tropos habituales del terror convencional, la obra se sostiene sobre un suspense inteligente que se cocina a fuego lento. No busca el susto fácil, sino la incomodidad persistente. Es una invitación a reflexionar sobre la responsabilidad de crear y sobre cómo nuestras obsesiones pueden llegar a canibalizar nuestra existencia. Para el lector que busque una obra madura, con múltiples capas de lectura y un apartado visual que quita el aliento, *Monigotes* se presenta como una pieza imprescindible. Es, en definitiva, un recordatorio de que cada trazo que damos sobre el papel lleva consigo una parte de nuestra alma, y que a veces, esa parte no tiene ninguna intención de quedarse encerrada en la tinta.

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