Moko

Moko, la obra más reciente y personal de la autora oscense Mamen Moreu, se erige como un ejercicio de honestidad brutal y humor ácido dentro del panorama del cómic contemporáneo español. Publicada por la editorial Astiberri, esta novela gráfica supone la culminación de un estilo narrativo que Moreu ha ido puliendo desde sus inicios en la revista *El Jueves* y en obras previas como *Resaca* o *Desastre*. Sin embargo, en *Moko*, la autora da un paso hacia adelante al despojarse de ciertos filtros para ofrecer un retrato íntimo, crudo y profundamente divertido sobre la crisis de la madurez, la salud mental y la aceptación del propio cuerpo.

La trama nos presenta a Moko, un alter ego de la propia autora, que navega por las vicisitudes de una vida adulta que no siempre cumple con las expectativas proyectadas. El cómic no busca construir una epopeya, sino que se detiene en la "micro-realidad" de lo cotidiano. A través de una serie de secuencias que oscilan entre la anécdota costumbrista y la reflexión existencial, acompañamos a la protagonista en su lucha diaria contra la ansiedad, la precariedad emocional y las presiones sociales que dictan cómo debería comportarse, verse y sentir una mujer al borde de los cuarenta años.

Uno de los pilares fundamentales de *Moko* es el tratamiento del cuerpo. Moreu aborda la relación con la propia imagen desde una perspectiva que huye de los clichés del "body positive" edulcorado. Aquí, el cuerpo es un campo de batalla: se habla de la gordofobia interiorizada, de los cambios físicos inevitables y de la disonancia entre cómo nos vemos frente al espejo y cómo nos percibe el mundo. La autora utiliza el humor no como una forma de evasión, sino como una herramienta de disección para exponer vulnerabilidades que suelen mantenerse en la esfera de lo privado.

Narrativamente, el cómic destaca por su ritmo ágil. Moreu domina el lenguaje de la comedia, sabiendo exactamente cuándo rematar un chiste y cuándo dejar que el silencio o una expresión facial carguen con el peso dramático de la escena. A pesar de tratar temas que podrían resultar densos, como el síndrome del impostor o el agotamiento mental, la lectura nunca se siente pesada. Esto se debe a una estructura episódica que, aunque mantiene un hilo conductor emocional claro, permite al lector avanzar a través de pequeñas píldoras de realidad que resultan universalmente reconocibles.

En el apartado visual, *Moko* es una declaración de intenciones. La autora opta por una paleta de colores limitada pero extremadamente efectiva, donde el rosa vibrante se convierte en el protagonista absoluto junto al blanco y al negro. Este uso del color no es meramente estético; funciona como un código emocional que unifica la obra y le otorga una identidad visual única en la estantería. El dibujo de Moreu, de línea clara y expresividad exagerada —heredera de la mejor tradición del cómic de humor español—, permite que las emociones de la protagonista traspasen la página. Los rostros de Moko, sus muecas de desesperación, aburrimiento o euforia, son el motor que impulsa la narrativa.

Otro aspecto relevante es la honestidad con la que se trata la salud mental. Sin caer en el melodrama, el cómic visibiliza la terapia, el uso de medicación y los procesos de introspección como partes integrantes de la vida moderna. Moko no es una heroína, es una superviviente de su propia mente, y esa humanidad es la que genera una conexión inmediata con el lector. La obra evita dar lecciones de vida; en su lugar, ofrece compañía y la validación de que está bien no estar bien, y que el caos personal es, en última instancia, una parte esencial de la experiencia humana.

En conclusión, *Moko* es una obra imprescindible para entender la evolución del cómic autobiográfico en España. Mamen Moreu logra transformar sus inseguridades y neurosis en un artefacto cultural de primer orden que, bajo una apariencia de sencillez y ligereza, esconde una profundidad psicológica notable

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