Mister Hyde contra Frankenstein, obra del autor argentino Hernán Rodríguez, es una pieza fundamental del cómic de terror contemporáneo que se aleja de los convencionalismos del *crossover* comercial para sumergirse en las raíces más profundas del horror gótico decimonónico. Publicada originalmente por editoriales como Loco Rabia en Argentina y Diábolo Ediciones en España, esta novela gráfica no es simplemente un enfrentamiento físico entre dos iconos, sino un estudio psicológico y visual sobre la monstruosidad, la ciencia sin ética y la dualidad del alma humana.
La premisa narrativa sitúa la acción en una Europa victoriana asfixiante, donde las sombras parecen tener vida propia. La historia comienza años después de los eventos narrados en las novelas originales de Mary Shelley y Robert Louis Stevenson. El punto de partida es la obsesión: el Dr. Henry Jekyll, en su búsqueda desesperada por comprender y controlar la esencia del mal que reside en su alter ego, Edward Hyde, tiene noticia de los antiguos experimentos de Victor Frankenstein. Jekyll cree que en los restos de la investigación del científico ginebrino podría hallarse la clave para estabilizar su propia condición o, quizás, para alcanzar una trascendencia que la química por sí sola no le ha permitido lograr.
El guion de Rodríguez articula el encuentro de manera orgánica. No fuerza a los personajes a compartir viñeta desde el primer momento; en su lugar, construye una atmósfera de anticipación. Por un lado, seguimos el rastro de destrucción y depravación que Hyde deja a su paso por los callejones de Londres, representado como una fuerza de la naturaleza caótica y amoral. Por otro lado, se nos presenta a la Criatura de Frankenstein, un ser que carga con el peso de una existencia no deseada, moviéndose por los márgenes de la civilización como un espectro melancólico y letal. El conflicto surge cuando estos dos senderos de oscuridad convergen, impulsados por la curiosidad científica de uno y el dolor existencial del otro.
Visualmente, el cómic es una exhibición de maestría técnica. Hernán Rodríguez opta por un estilo expresionista, con un uso del claroscuro que remite directamente a los grabados antiguos y a la estética del cine de terror de la Universal y la Hammer, pero con una crudeza moderna. El dibujo es denso, cargado de texturas que transmiten la suciedad de la época, el frío de los laboratorios y la visceralidad de la carne. El diseño de los personajes es especialmente notable: Hyde no es un simple forzudo, sino una criatura cuya anatomía parece estar en constante tensión, reflejando su inestabilidad mental; la Criatura, por su parte, huye de la imagen cinematográfica clásica para mostrarse como un puzle humano trágico y aterrador, cuya mirada denota una inteligencia torturada.
El ritmo de la obra está meticulosamente medido. La narrativa se apoya en silencios prolongados y secuencias donde la acción física habla más que los diálogos. No se trata de una pelea de superhéroes; cada golpe y cada enfrentamiento entre Hyde y el Monstruo tiene un peso dramático y una consecuencia física tangible. La obra explora el contraste entre el "monstruo nacido" (Hyde, que surge del interior del hombre) y el "monstruo fabricado" (la Criatura, ensamblada desde el exterior), planteando al lector quién de los dos posee realmente una chispa de humanidad.
En conclusión, Mister Hyde contra Frankenstein es un ejercicio de respeto literario y audacia visual. Hernán Rodríguez logra que dos personajes que han sido sobreexplotados por la cultura popular recuperen su capacidad de inquietar. Es una lectura imprescindible para los amantes del cómic de autor y del terror clásico, que ofrece una visión sombría sobre los límites de la ambición humana y la soledad de aquellos que han sido expulsados de la luz de la razón. Sin recurrir a artificios innecesarios, la obra se sostiene como un testamento de la potencia narrativa del noveno arte cuando se pone al servicio de los grandes mitos de la literatura universal.