Miserere por Gambor CRG

Miserere, la obra cumbre de Gambor (seudónimo del autor español Juan Manuel García-Ruiz), representa uno de los ejercicios más profundos y visualmente subyugantes del cómic oscuro contemporáneo nacido en el seno de comunidades creativas como el CRG. Esta pieza no es simplemente una historieta de fantasía medieval o de terror gótico; es un descenso introspectivo a los abismos de la culpa, la fe y la condición humana, narrado a través de una estética que bordea lo pictórico y lo pesadillesco.

La trama nos sitúa en un mundo crepuscular, una suerte de medievo fantástico donde la luz parece haber sido desterrada o, en el mejor de los casos, se encuentra en un estado de agonía permanente. El protagonista es una figura errante, un hombre marcado por el peso de sus pecados y por una misión que parece trascender su propia voluntad. A través de páramos desolados, arquitecturas ruinosas que evocan la decadencia de una fe olvidada y bosques donde las sombras cobran vida propia, el relato avanza con una cadencia solemne, casi litúrgica, haciendo honor a su título: un ruego por la misericordia divina ante la inevitabilidad de la caída.

El guion de Gambor huye de las estructuras convencionales de acción para centrarse en la atmósfera y el simbolismo. No hay diálogos superfluos; cada palabra pesa y cada silencio grita. La narrativa se construye sobre la base de la búsqueda de redención en un entorno que parece haber sido abandonado por cualquier deidad benevolente. Los encuentros del protagonista con diversas entidades —seres grotescos, manifestaciones de la psique o restos de una humanidad corrompida— sirven como espejos de su propio tormento interior. La historia no busca ofrecer respuestas fáciles, sino sumergir al lector en una experiencia sensorial donde el horror es tanto físico como metafísico.

Visualmente, *Miserere* es una lección magistral de claroscuro. Gambor utiliza el blanco y negro no solo como una elección cromática, sino como una herramienta narrativa fundamental. Su estilo bebe directamente de maestros del expresionismo y del grabado clásico, con un uso del trazo que oscila entre la precisión anatómica y la abstracción de la mancha. Las texturas son palpables: el barro, la piedra fría de las catedrales, el metal oxidado de las armaduras y la carne lacerada se funden en una amalgama visual que transmite una sensación de opresión constante. El autor domina la composición de la página, rompiendo a menudo la rejilla tradicional para crear composiciones orgánicas que guían el ojo a través del caos controlado de sus viñetas.

El diseño de personajes y escenarios merece una mención aparte. Las criaturas que pueblan este mundo no son monstruos genéricos; son encarnaciones de vicios, miedos y dogmas retorcidos. La arquitectura, por su parte, actúa como un personaje más: estructuras imposibles que desafían la gravedad y la lógica, sugiriendo una grandeza pasada que ahora solo sirve como recordatorio de la insignificancia del hombre frente al tiempo y lo sagrado.

En conclusión, *Miserere* de Gambor es una obra densa, exigente y profundamente gratificante para el lector que busca en el cómic algo más que entretenimiento ligero. Es un poema visual sobre la desesperanza y la tenue posibilidad de salvación. Su importancia dentro del panorama del cómic independiente y de autor radica en su capacidad para crear un universo propio, coherente en su desolación y fascinante en su ejecución técnica. Es, en esencia, una plegaria gráfica que resuena mucho después de haber cerrado sus páginas, consolidando a Gambor como un autor con una voz única, capaz de transformar la oscuridad en una forma de arte sublime.

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