Ministry of Space, publicada originalmente entre 2001 y 2004 por Image Comics, es una de las obras más sofisticadas y visualmente impactantes dentro del género de la ucronía o historia alternativa en el cómic contemporáneo. Escrita por el guionista británico Warren Ellis, ilustrada con una precisión técnica asombrosa por Chris Weston y coloreada por Laura Martin, esta miniserie de tres números propone un giro radical a la narrativa de la Guerra Fría y la carrera espacial, desplazando el eje del progreso tecnológico de Washington y Moscú hacia Londres.
La premisa fundamental de la obra parte de un punto de divergencia histórica situado en los estertores de la Segunda Guerra Mundial. En nuestra realidad, la Operación Paperclip permitió que Estados Unidos absorbiera el conocimiento y los científicos del programa de cohetes alemán. En el universo de *Ministry of Space*, son las fuerzas británicas las que llegan primero a Peenemünde. Bajo el liderazgo del audaz y pragmático comodoro del aire Sir John Dashwood, el Reino Unido se hace con los planos de las V2, los laboratorios y, lo más importante, con los científicos liderados por Wernher von Braun. Este golpe estratégico permite que el Imperio Británico, en lugar de entrar en una fase de declive y descolonización, se convierta en la potencia hegemónica absoluta del siglo XX al liderar en solitario la conquista del cosmos.
La narrativa se estructura a través de varios saltos temporales que abarcan desde 1945 hasta el año 2001. A través de los ojos de Dashwood, asistimos a la creación del Ministerio del Espacio, una institución que opera con una autonomía y unos recursos casi ilimitados. La historia nos muestra cómo Gran Bretaña logra poner al primer hombre en el espacio en 1948, establece bases lunares en los años 50 y coloniza Marte en los 70. Sin embargo, Ellis no se limita a escribir una hagiografía del ingenio británico; el guion está impregnado de una pátina de cinismo y realismo político. La pregunta que subyace durante toda la lectura no es solo qué se logró, sino a qué precio y bajo qué secretos se cimentó semejante utopía tecnológica.
El apartado visual de Chris Weston es, sin lugar a dudas, el pilar que sostiene la verosimilitud de este mundo alternativo. Weston utiliza un estilo detallado y limpio, heredero de la tradición de la línea clara y de ilustradores clásicos de la ciencia ficción británica como Frank Hampson (creador de *Dan Dare*). El diseño de producción es exquisito: las naves espaciales, las estaciones orbitales y los trajes de los astronautas mantienen una estética retro-futurista que mezcla la tecnología de vanguardia con el estilo eduardiano y la sobriedad militar británica de mediados de siglo. Ver naves espaciales con remaches y acabados que recuerdan a los cazas Spitfire, o interiores de bases lunares que parecen clubes de caballeros londinenses, crea una atmósfera única que refuerza la identidad cultural de la obra.
El color de Laura Martin complementa perfectamente este enfoque, utilizando una paleta que evoluciona con las décadas, desde los tonos sepia y apagados de la posguerra hasta la saturación vibrante y tecnológica de un siglo XXI dominado por la Union Jack. La obra evita los tropos habituales de la ciencia ficción de acción para centrarse en el drama político, la ambición nacionalista y las consecuencias éticas del progreso a cualquier precio.
*Ministry of Space* es una reflexión sobre el imperialismo y la nostalgia. Warren Ellis utiliza la estructura de la ucronía para cuestionar la naturaleza del poder y cómo la historia es escrita por los vencedores. A pesar de su brevedad, la obra logra construir un universo denso y coherente, donde el optimismo de la "Era Espacial" se ve constantemente contrastado por las sombras morales de sus protagonistas. Es una lectura esencial para quienes buscan un cómic que combine el rigor histórico con una imaginación desbordante, alejándose de los fuegos artificiales para ofrecer una visión profunda sobre el destino de la humanidad entre las estrellas bajo el mando de un imperio que se negó a morir.