David Rubín, uno de los autores más prolíficos y visualmente impactantes del panorama del cómic contemporáneo, expande su universo creativo con *Mini Infinitum*, una obra que funciona tanto como pieza satélite de su aclamada revisión del mito de Heracles, *El Héroe*, como un experimento narrativo independiente y autoconclusivo. Publicado por Astiberri, este volumen se aleja de las estructuras convencionales de la novela gráfica para adentrarse en el terreno de la épica muda y la abstracción cósmica, consolidando el estilo hiperbólico y vibrante que caracteriza al autor gallego.
La premisa de *Mini Infinitum* se sitúa en los márgenes de la realidad tangible. El cómic nos invita a seguir el viaje de un pequeño explorador, una figura casi insignificante en términos de escala, que se ve arrojada a un cosmos infinito y en constante mutación. A través de sus páginas, el lector es testigo de una odisea que trasciende el tiempo y el espacio, donde la lógica física se dobla ante la fuerza de la imaginación pura. No hay diálogos, no hay globos de texto que guíen la interpretación; la narrativa descansa exclusivamente en la potencia de la imagen y en la capacidad del lector para descodificar un lenguaje visual cargado de simbolismo.
Desde el punto de vista artístico, Rubín despliega toda su artillería técnica. La obra es un festín de color y dinamismo que bebe directamente de la herencia de Jack Kirby, pero tamizada por una sensibilidad moderna y europea. El uso de la paleta de colores es explosivo, utilizando contrastes cromáticos agresivos para diferenciar los distintos planos de existencia que el protagonista atraviesa. Las composiciones de página son arriesgadas, rompiendo a menudo la cuadrícula tradicional para crear una sensación de movimiento perpetuo y de escala inabarcable. Cada viñeta está saturada de detalles, desde texturas orgánicas hasta estructuras tecnológicas imposibles, lo que obliga a una lectura pausada y contemplativa.
El concepto central de la obra es el contraste entre lo "Mini" y lo "Infinitum". El título no es solo un juego de palabras sobre el formato físico del libro (que suele presentarse en un tamaño reducido que cabe en la palma de la mano), sino una declaración de intenciones temática. Rubín explora la fragilidad de la existencia individual frente a la inmensidad del universo. El protagonista es un avatar de la curiosidad humana, un ser que, a pesar de su pequeñez, se atreve a mirar a los ojos a la eternidad. Esta dualidad se refleja en la estructura del cómic, que alterna momentos de una intimidad casi claustrofóbica con despliegues visuales de una magnitud galáctica.
A nivel temático, *Mini Infinitum* aborda el ciclo del eterno retorno, la creación y la destrucción como dos caras de la misma moneda. Es una obra que medita sobre el origen de las ideas y la persistencia de la vida en entornos hostiles o desconocidos. Al carecer de palabras, la historia adquiere un tono universal y mítico, permitiendo que cada lector proyecte sus propias inquietudes sobre el viaje del héroe silencioso. Es, en esencia, un poema visual sobre la resistencia y el asombro.
Para los seguidores de la trayectoria de Rubín, este cómic representa una destilación de sus obsesiones visuales. Si en *El Héroe* el autor utilizaba el mito para hablar de la condición humana, en *Mini Infinitum* utiliza el vacío cósmico para hablar de la esencia del arte y la exploración. Es una pieza fundamental para entender la evolución del autor hacia una narrativa más sensorial y menos dependiente del guion literario tradicional.
En conclusión, *Mini Infinitum* es una experiencia inmersiva que desafía las convenciones del medio. Es un artefacto diseñado para ser observado, sentido y reinterpretado. Sin necesidad de una sola línea de diálogo, David Rubín logra construir un relato épico que resuena con la fuerza de los grandes mitos, recordándonos que, incluso en la inmensidad de lo infinito, lo pequeño sigue teniendo un papel crucial que desempeñar. Es una obra imprescindible para quienes buscan en el cómic una frontera más allá del entretenimiento, adentrándose en el terreno de la experimentación visual pura.