Milenario

Milenario, la obra magna de Diego Olmos, se erige como uno de los pilares fundamentales del cómic histórico español contemporáneo. Publicada originalmente por Aleta Ediciones y posteriormente recuperada en ediciones integrales, esta novela gráfica no es solo un ejercicio de reconstrucción de época, sino un relato de suspense y supervivencia que captura con una precisión asfixiante el espíritu de una era dominada por el miedo y la superstición.

La trama nos traslada al año 999 d.C., un momento crítico en la historia de Europa y, más concretamente, de la Marca Hispánica. El mundo conocido se tambalea ante la inminente llegada del año 1000, una fecha cargada de simbolismo apocalíptico. En este contexto de histeria colectiva y fervor religioso, el protagonista, Bernat, un joven novicio con un pasado envuelto en sombras, es enviado a la ciudad de Barcelona con una misión de vital importancia. Lo que comienza como un encargo aparentemente administrativo o de mensajería pronto se transforma en un descenso a los infiernos de la intriga política y eclesiástica.

Barcelona, en aquel entonces una ciudad de frontera, amurallada y vulnerable a las incursiones sarracenas, se presenta en la obra no como un escenario estático, sino como un personaje más. Olmos logra transmitir la claustrofobia de sus calles estrechas, el barro, la humedad y la constante sensación de amenaza que acecha tras cada esquina. La ciudad es el tablero donde se juega una partida de ajedrez entre las altas esferas del poder: la Iglesia, que lucha por mantener el control sobre las almas aterrorizadas por el fin de los tiempos, y la nobleza, más preocupada por la consolidación de sus dominios territoriales.

El motor narrativo de *Milenario* es el milenarismo, esa creencia medieval de que el retorno de Cristo y el Juicio Final ocurrirían al cumplirse el primer milenio de la era cristiana. Diego Olmos utiliza este concepto para explorar la psicología de una sociedad al borde del abismo. A través de los ojos de Bernat, el lector es testigo de cómo el fanatismo puede ser manipulado por aquellos que ostentan el poder. El protagonista se ve envuelto en una conspiración que involucra reliquias sagradas, secretos heréticos y una serie de crímenes que parecen seguir un patrón ritual.

Desde el punto de vista artístico, *Milenario* es una exhibición de maestría técnica. Olmos opta por un blanco y negro rotundo, con un uso del claroscuro que remite directamente a los grandes maestros del cómic europeo y al cine expresionista. El detallismo en la arquitectura románica y en la indumentaria de la época es fruto de una documentación exhaustiva, pero nunca resulta farragoso; está al servicio de la atmósfera. Las sombras no solo ocultan rostros, sino que simbolizan la ignorancia y el pecado que los personajes intentan purgar o explotar. El trazo es firme, dinámico en las secuencias de acción y pausado en los momentos de introspección, logrando un ritmo narrativo que mantiene la tensión de principio a fin.

La obra evita caer en los tropos del género de aventuras simplista. No hay héroes inmaculados ni villanos de caricatura. Bernat es un hombre vulnerable, movido por la fe pero también por la duda, lo que facilita la conexión emocional del lector. Los personajes secundarios, desde obispos ambiciosos hasta buscavidas de los suburbios, están dotados de una tridimensionalidad que enriquece el tapiz social que Olmos pretende retratar.

En conclusión, *Milenario* es una reflexión sobre la condición humana frente a lo desconocido. Es un cómic que utiliza la historia no como un simple decorado, sino como un espejo en el que observar cómo el miedo al futuro y la manipulación de las creencias son constantes universales. Sin necesidad de recurrir a elementos fantásticos explícitos, la obra consigue que el lector sienta el terror sobrenatural que atenazaba a los hombres del siglo X, convirtiéndose en una lectura imprescindible para cualquier amante del noveno arte que busque una narrativa madura, visualmente impactante y profundamente documentada. Es, en definitiva, el retrato de un mundo que se creía acabado y que, sin embargo, estaba a punto de renacer.

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