Metropol

*Metropol*, la obra cumbre de Ted McKeever publicada a principios de los años 90 bajo el sello Epic Comics de Marvel, representa uno de los ejercicios más audaces de narrativa surrealista e industrial en la historia del medio. Lejos de las convenciones del género de superhéroes dominante en la época, McKeever construye una epopeya apocalíptica que fusiona la teología judeocristiana con una estética ciberpunk decadente y un expresionismo visual desgarrador.

La historia se desarrolla en la ciudad homónima, Metropol, una urbe vasta, asfixiante y sumida en una herrumbre eterna. No es simplemente un escenario, sino un organismo vivo compuesto de acero, humo y desesperanza. En este entorno, la vida humana parece haber perdido su valor intrínseco, reducida a un engranaje más de una maquinaria social y arquitectónica que se desmorona. El aire está saturado de contaminación y la luz del sol es un recuerdo lejano, sustituida por el resplandor frío de los neones y las chispas de la industria pesada.

El protagonista de este relato es Jasper, un hombre cuya existencia es el epítome de la mediocridad urbana. Jasper trabaja en una planta de procesamiento, atrapado en una rutina que anula cualquier rastro de individualidad. Sin embargo, su realidad comienza a fracturarse cuando empieza a experimentar visiones y a ser testigo de fenómenos que desafían la lógica física de su mundo. A través de sus ojos, el lector descubre que Metropol es el campo de batalla de una guerra invisible pero total: un conflicto ancestral entre las fuerzas del Cielo y el Infierno que ha decidido manifestarse en el plano material.

Lo que diferencia a *Metropol* de otras historias de corte bíblico es la interpretación visual y conceptual que McKeever hace de estas fuerzas. Aquí, los ángeles y los demonios no responden a la iconografía clásica del Renacimiento. Son entidades grotescas, a menudo mecánicas o deformes, que se manifiestan a través de la carne y el metal. Los ángeles son figuras aterradoras, distantes y de una pureza violenta, mientras que las fuerzas infernales se infiltran en las estructuras de poder de la ciudad, corrompiendo tanto las instituciones políticas como los cuerpos de los ciudadanos.

La narrativa se estructura como un descenso hacia la locura y la revelación. Jasper se ve arrastrado a una resistencia desesperada, rodeado de un elenco de personajes marginales que, al igual que él, han sido "despertados" para cumplir una función en este apocalipsis inminente. Entre ellos destaca la figura de Lydia, cuya conexión con Jasper y con el destino de la ciudad añade una capa de humanidad emocional a un entorno que, de otro modo, resultaría insoportablemente gélido.

El apartado artístico de Ted McKeever es el pilar que sostiene la obra. Con un estilo caracterizado

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