El Mercenario, la obra maestra del autor español Vicente Segrelles, representa uno de los hitos más singulares y visualmente impactantes de la narrativa gráfica europea. Publicada originalmente a partir de 1980 en la revista *Cimoc*, esta serie no solo destaca por su narrativa de fantasía épica, sino primordialmente por su técnica de ejecución: cada viñeta es una pintura al óleo terminada con un nivel de detalle y realismo que rompió los esquemas del noveno arte en su época.
La historia se sitúa en un entorno geográfico tan fascinante como claustrofóbico: el Valle Olvidado. Ubicado en las cumbres del Himalaya, este territorio permanece oculto al resto del mundo bajo una capa perpetua de nubes densas que crean un ecosistema aislado. En este escenario, las leyes de la física y la biología parecen operar bajo reglas distintas, permitiendo la existencia de criaturas prehistóricas, civilizaciones perdidas y una tecnología anacrónica que roza la ciencia ficción.
El protagonista, conocido simplemente como el Mercenario, es un guerrero de élite, un jinete de reptiles voladores que ofrece sus servicios a cambio de oro, aunque siempre bajo un estricto código de honor personal. A diferencia de otros héroes del género de "espada y brujería", el Mercenario no es un bárbaro impulsivo, sino un hombre culto, estratégico y dotado de una curiosidad intelectual que lo empuja a desentrañar los misterios del mundo que habita. Su montura, un gigantesco reptil alado similar a un pterodáctilo, es una pieza clave de la iconografía de la serie, permitiendo batallas aéreas que Segrelles plasma con una tridimensionalidad asombrosa.
La trama se aleja de los tropos simplistas del bien contra el mal. El Mercenario suele verse envuelto en conflictos geopolíticos entre distintas facciones, como la Orden del Cráter, una hermandad de sabios y científicos que custodian conocimientos antiguos, o diversos señores de la guerra y cultos religiosos que buscan expandir su influencia en el valle. A medida que la serie avanza, el lector descubre que el mundo de *El Mercenario* no es una fantasía convencional, sino un entorno donde los restos de una tecnología avanzada y los fenómenos naturales inexplicables se entrelazan, sugiriendo un trasfondo de ciencia ficción "hard" que se revela de forma sutil y elegante.
El aspecto técnico es, sin duda, el pilar fundamental de la obra. Segrelles, con una formación técnica y publicitaria previa, aplica el óleo sobre cartón para dotar a las imágenes de una atmósfera tangible. La iluminación, el tratamiento de las texturas (especialmente el metal de las armaduras, la piel de los reptiles y la vaporosidad de las nubes) y la composición de las escenas de acción elevan el cómic a la categoría de arte pictórico. Cada álbum es el resultado de años de trabajo meticuloso, lo que garantiza una calidad visual constante que no ha envejecido con el paso de las décadas.
En cuanto a su estructura narrativa, *El Mercenario* combina episodios autoconclusivos con una evolución constante del trasfondo del personaje y su entorno. Los guiones son sobrios, dejando que la imagen narre gran parte de la historia, pero manteniendo siempre un tono de madurez y misterio. No hay concesiones a la pirotecnia gratuita; cada elemento diseñado por Segrelles, desde las fortalezas suspendidas hasta los ingenios mecánicos, posee una lógica funcional que aporta verosimilitud al relato.
En resumen, *El Mercenario* es una obra imprescindible para entender la evolución del cómic adulto en España y Europa. Es una invitación a un mundo donde la aventura clásica se encuentra con la experimentación artística más ambiciosa, ofreciendo una experiencia inmersiva que sigue cautivando a nuevas generaciones de lectores por su capacidad para crear maravilla a través del pincel. Una pieza de coleccionista que define el potencial del cómic como medio de expresión visual definitivo.