Masters del Universo Vol3

La etapa de Masters del Universo Vol. 3, publicada bajo el sello de DC Comics (dentro del relanzamiento iniciado en 2013), representa uno de los puntos de inflexión más ambiciosos y maduros en la historia editorial de la franquicia. Tras los eventos de los primeros arcos narrativos, donde se reintrodujo el concepto de Eternia desde una perspectiva de fantasía épica oscura, este tercer volumen se consolida como el núcleo donde la mitología clásica de He-Man se deconstruye para ofrecer una narrativa de escala cósmica y tintes trágicos.

Bajo la dirección guionística de Dan Abnett y el arte de Pop Mhan, este volumen se aleja definitivamente de la estructura episódica de los dibujos animados de los años 80 para abrazar un formato de "High Fantasy" (Alta Fantasía). La trama se sitúa en un momento crítico para el planeta Eternia. La amenaza ya no es solo Skeletor, quien ha pasado a ocupar un rol mucho más complejo y sibilino, sino la inminente sombra de la Horda del Terror, liderada por el implacable Hordak.

El eje central de este volumen es el arco argumental conocido como "The Blood of Grayskull" (La Sangre de Grayskull). La historia profundiza en los orígenes del poder que emana del Castillo Grayskull, retrocediendo miles de años para explicar la verdadera naturaleza de la Espada del Poder y el sacrificio del Rey Grayskull. Esta exploración no es un simple ejercicio de retrocontinuidad, sino que sirve para cimentar el peso que recae sobre los hombros de Adam. El protagonista ya no es solo un héroe que lucha contra el mal del día; es un monarca en tiempos de guerra que debe comprender que su linaje está marcado tanto por la gloria como por la tragedia.

Uno de los puntos fuertes de este volumen es el tratamiento de los personajes secundarios, especialmente Adora. Tras su etapa como Despara, la capitana de la Horda, su proceso de redención y la aceptación de su identidad como She-Ra se manejan con una seriedad inusual. La relación entre los hermanos Adam y Adora se convierte en el motor emocional de la serie, explorando el trauma y la responsabilidad de dos herederos de un poder que apenas comprenden. Por otro lado, Teela experimenta una transformación radical, asumiendo su destino vinculado a la Hechicera de Grayskull, lo que altera la dinámica del grupo de los Masters de forma permanente.

En cuanto al apartado visual, Pop Mhan aporta un estilo dinámico y detallado que se aleja de las proporciones exageradas del pasado para ofrecer diseños más estilizados y funcionales. Su interpretación de la tecnología de Eternia —esa mezcla única de espada y brujería con ciencia ficción— se siente orgánica. Los escenarios, desde las profundidades del castillo hasta los páramos desolados por la guerra, refuerzan la sensación de que el mundo está en juego.

El ritmo narrativo de este volumen es implacable. Abnett utiliza una estructura que alterna entre la acción a gran escala y momentos de introspección política y mística. Se introducen conceptos como la "Eternity War", preparando el terreno para el clímax de la saga. La narrativa evita los maniqueísmos; los villanos tienen motivaciones arraigadas en una cosmogonía propia y los héroes deben tomar decisiones moralmente grises para asegurar

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