Masters del Universo: Iconos del Mal no es solo un complemento para los aficionados de la franquicia, sino una obra esencial que redefine la profundidad de los antagonistas más emblemáticos de Eternia. Publicada originalmente a principios de la década de los 2000 por Image Comics y MV Creations, esta serie de relatos autoconclusivos (one-shots) se sitúa cronológicamente en la continuidad de la serie animada de 2002 (producida por Mike Young Productions). Bajo la pluma de un entonces emergente Robert Kirkman —quien años más tarde alcanzaría el estrellato mundial con *The Walking Dead*—, la obra se aleja del tono maniqueo de los años 80 para ofrecer una visión cruda, trágica y visceral de los guerreros que sirven a Skeletor.
La premisa de este volumen es despojar a los villanos de su etiqueta de simples "secuaces" para dotarlos de una mitología propia. El cómic se estructura en cuatro relatos principales centrados en Beast Man, Mer-Man, Trap Jaw y Tri-Klops, explorando sus orígenes, sus motivaciones y, sobre todo, las circunstancias que los llevaron a encadenar su destino al de Keldor antes de que este se convirtiera en el Señor de la Montaña de la Serpiente.
El primer segmento nos traslada a las salvajes selvas de las Islas de Hielo para presentarnos a Beast Man. Aquí, el cómic explora la naturaleza primigenia del personaje y su relación con la fauna de Eternia. Lejos de ser el alivio cómico de antaño, se nos muestra a un ser de poder abrumador cuya lealtad hacia Skeletor no nace de la admiración, sino de una derrota aplastante y una sumisión psicológica absoluta. Es un estudio sobre el dominio y la pérdida de la voluntad.
Posteriormente, la narrativa se sumerge en las profundidades abisales con Mer-Man. Este relato es, quizás, uno de los más reveladores, ya que presenta al personaje no como un monstruo marino común, sino como un monarca caído. La historia detalla la caída en desgracia de su reino y cómo su orgullo herido lo empuja a una alianza desesperada. La tragedia de Mer-Man reside en su estatus de rey sin corona que debe arrodillarse ante un extraño para intentar recuperar lo que por derecho le pertenece.
El capítulo dedicado a Trap Jaw es, sin duda, el más visceral y oscuro de la colección. Aquí se narra la transformación de Kronis, un estratega y criminal de guerra con ambiciones de poder, en el ciborg que todos conocemos. El cómic no escatima en mostrar la brutalidad del conflicto interno dentro de las filas del mal y las consecuencias físicas devastadoras de desafiar la autoridad de Keldor. Es un relato de desmembramiento, tecnología rudimentaria y una reconstrucción forzosa que borra cualquier rastro de humanidad en el personaje.
Finalmente, el tomo cierra con la figura de Tri-Klops. En esta historia, se explora su pasado como un mercenario de élite y un experto en tecnología y táctica. El enfoque aquí es más cerebral, mostrando cómo un hombre que dependía enteramente de su visión y su destreza en el combate debe adaptarse a una nueva realidad tras un accidente catastrófico. La transición de guerrero a "tecnomante" y espía maestro se narra con una precisión que justifica su posición como el estratega científico del grupo.
Visualmente, *Iconos del Mal* destaca por un estilo artístico que abraza las sombras y el detalle anatómico, alejándose de la estética de juguete para acercarse al género de la fantasía oscura. El dibujo refuerza la sensación de que Eternia es un mundo peligroso, donde la magia y la tecnología colisionan de forma violenta.
En conclusión, este cómic es una pieza de arqueología narrativa que dignifica a los villanos de *Masters del Universo*. Robert Kirkman logra que el lector sienta empatía, o al menos una comprensión profunda, por estos seres deformados y ambiciosos. No se trata de justificar sus actos, sino de entender que su maldad no es gratuita, sino el resultado de ambiciones rotas, lealtades forzadas y tragedias personales. Es una lectura obligatoria para quienes deseen ver más allá de los músculos y las armaduras de plástico, descubriendo el tejido oscuro que sostiene el imperio de Skeletor.