Maske Thorpe

Maske Thorpe representa una de las cumbres de la colaboración entre el guionista Jorge Zentner y el dibujante Rubén Pellejero, una de las parejas creativas más sólidas y respetadas del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente de forma serializada en revistas emblemáticas como *Cairo* a finales de los años 80 y principios de los 90, esta obra se erige como un ejercicio de estilo y una deconstrucción del género negro que trasciende las convenciones del *hardboiled* tradicional.

La trama se centra en la figura de Maske Thorpe, un detective privado que opera en un entorno urbano que, aunque evoca la estética de las décadas de los 30 y 40, posee una cualidad atemporal y casi onírica. Thorpe no es el típico investigador invulnerable o cínico por sistema; es un personaje atravesado por una profunda melancolía y una introspección que lo aleja de los arquetipos del género. A través de sus casos, la obra no busca tanto la resolución de un misterio técnico —el "quién lo hizo"— sino la exploración de la condición humana, la soledad y las sombras que habitan en los rincones de la gran ciudad.

Narrativamente, Zentner despliega un guion elíptico y poético. Las historias de Maske Thorpe no se apoyan en la acción frenética, sino en los silencios, en los diálogos cargados de subtexto y en una estructura que a menudo bordea lo existencialista. El autor utiliza el género negro como un lienzo para hablar de la pérdida, el paso del tiempo y la ambigüedad moral. Los encargos que recibe Thorpe suelen ser el catalizador para que el protagonista se sumerja en ambientes decadentes, donde la frontera entre el bien y el mal es difusa y donde los personajes secundarios poseen una tridimensionalidad psicológica inusual en el medio.

En el apartado visual, Rubén Pellejero realiza un trabajo magistral que define la identidad de la obra. Su dibujo es heredero de la mejor tradición de la línea clara, pero evolucionado hacia un realismo atmosférico donde el uso del color y la iluminación cobran un protagonismo absoluto. Pellejero no solo dibuja escenarios; construye atmósferas. El manejo de las sombras, los contrastes lumínicos y una paleta de colores que oscila entre lo cálido y lo gélido refuerzan la sensación de aislamiento del protagonista. Cada viñeta está compuesta con un rigor cinematográfico que guía la mirada del lector no solo a través de la acción, sino a través de la emoción que desprende el entorno.

La ciudad en *Maske Thorpe* funciona como un personaje más. Es un laberinto de callejones, oficinas polvorientas y bares nocturnos que parecen atrapados en un tiempo suspendido. La arquitectura y el diseño de producción de la obra son fundamentales para sumergir al lector en esa sensación de "noir" europeo, más preocupado por la estética y el sentimiento que por la violencia explícita.

En resumen, *Maske Thorpe* es un cómic de una madurez narrativa excepcional. Es una obra que exige una lectura pausada para apreciar la simbiosis perfecta entre el texto reflexivo de Zentner y el arte evocador de Pellejero. Se aleja de los clichés del detective de gabardina para ofrecer un retrato íntimo de un hombre que, mientras busca respuestas para sus clientes, parece estar buscando su propio lugar en un mundo que se desvanece. Es una pieza imprescindible para entender la evolución del cómic de autor en España y su capacidad para elevar los géneros populares a la categoría de alta literatura dibujada. Su relevancia reside en cómo logra capturar la esencia del género negro y filtrarla a través de una sensibilidad europea, artística y profundamente humanista.

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