Martin Hel es una de las obras más singulares y atmosféricas dentro del vasto catálogo de la historieta argentina, específicamente de la mítica Editorial Columba. Creada por el prolífico guionista paraguayo Robin Wood y dotada de una identidad visual inconfundible por el dibujante Ángel Alberto Fernández, la serie debutó en las páginas de la revista *D'artagnan* a finales de la década de 1970. Se aleja de la aventura convencional para adentrarse en los terrenos del horror metafísico, el esoterismo y el suspenso psicológico.
La trama sigue las andanzas de Martin Hel, un hombre de apariencia distinguida, marcado por una cabellera blanca prematura y una mirada que trasluce un cansancio existencial profundo. Hel no es un detective privado al uso, sino un experto en lo oculto, un parapsicólogo y aventurero que recorre el mundo enfrentándose a fenómenos que escapan a la comprensión de la ciencia tradicional. Sin embargo, a diferencia de otros cazadores de monstruos de la ficción, el enfoque de Hel es eminentemente filosófico y melancólico.
El protagonista se mueve en una geografía global que abarca desde las neblinosas calles de Londres hasta los rincones más remotos de Asia o las capitales europeas cargadas de historia. En cada episodio, Martin Hel es convocado —o llega por azar— para resolver misterios que involucran maldiciones ancestrales, apariciones fantasmales, cultos olvidados o manifestaciones de una maldad pura y abstracta. Lo que define a la serie no es solo el enfrentamiento con lo sobrenatural, sino la forma en que Wood utiliza estos elementos para explorar la condición humana, el miedo a la muerte y la fragilidad de la cordura.
El guion de Robin Wood se caracteriza por una prosa densa y reflexiva. Los diálogos son precisos, pero es en los textos de apoyo donde la obra alcanza su cénit, proporcionando una narrativa introspectiva que sumerge al lector en el estado de ánimo del protagonista. Martin Hel es un hombre que ha visto demasiado, alguien que comprende que el verdadero horror no siempre proviene de entidades externas, sino de los abismos del alma humana. Esta profundidad temática eleva al cómic por encima del género de terror estándar, convirtiéndolo en una pieza de culto.
En el apartado visual, Ángel Alberto Fernández realiza un trabajo magistral que define la atmósfera de la serie. Su estilo se apoya en un uso dramático de las sombras y un detallismo minucioso en la ambientación. Fernández logra que los escenarios —ya sean castillos en ruinas, bibliotecas polvorientas o paisajes desolados— se conviertan en personajes por derecho propio. El diseño de Martin Hel, con su elegancia sobria y su aire de aristócrata caído, es icónico. La capacidad del dibujante para plasmar la angustia y el asombro en los rostros de los personajes complementa perfectamente la carga emocional de los guiones de Wood.
Estructuralmente, las historias suelen ser autoconclusivas, aunque mantienen una continuidad basada en el desarrollo del carácter de Hel y su creciente bagaje de experiencias traumáticas. No hay soluciones fáciles ni finales necesariamente felices; a menudo, el protagonista logra contener la amenaza, pero a un costo personal elevado o dejando tras de sí una sensación de inquietud permanente.
En resumen, *Martin Hel* es una obra fundamental para entender la evolución de la historieta de género en español. Representa la madurez de la "Escuela Argentina" de cómics, donde la aventura se entrelaza con la literatura de horror clásica (con ecos de Lovecraft y Poe) y una sensibilidad moderna. Es una invitación a explorar lo desconocido de la mano de un guía que, aunque camina entre sombras, nunca pierde su humanidad ni su búsqueda de la verdad, por oscura que esta resulte ser.