Mark

Publicado originalmente en 1977 en las páginas de la revista *El Tony* de la mítica Editorial Columba, 'Mark' se erige como una de las obras cumbres de la historieta argentina y un referente ineludible del género post-apocalíptico en el noveno arte. Escrita por el prolífico Robin Wood e ilustrada con maestría por Ricardo Villagrán, esta obra no solo definió una estética dentro del cómic sudamericano, sino que también exploró las profundidades de la condición humana en circunstancias extremas.

La premisa de 'Mark' nos sitúa en un futuro devastado por la "Gran Catástrofe", un eufemismo para una guerra nuclear total que ha reducido la civilización a cenizas y mutación. El mundo que presenta Wood es un páramo hostil donde los restos de la tecnología del pasado conviven con una barbarie neomedieval. En este escenario emerge Mark, el protagonista, un hombre que encarna el arquetipo del superviviente solitario. A diferencia de otros héroes del género, Mark no busca reconstruir el mundo ni liderar ejércitos; su motivación inicial es la pura subsistencia en un entorno que ha olvidado las leyes, la ética y la compasión.

El diseño del personaje, a cargo de Villagrán, es icónico: un hombre rubio, de físico atlético pero marcado por las cicatrices del combate, ataviado con ropajes funcionales y su característica vincha. Mark es un experto en el manejo de armas y en el combate cuerpo a cuerpo, habilidades necesarias para enfrentar las constantes amenazas que pueblan el yermo, desde bandas de saqueadores hasta mutantes deformados por la radiación. Sin embargo, lo que realmente define a Mark es su estoicismo y su mirada crítica sobre lo que queda de la humanidad.

La narrativa de la serie se estructura a través de los viajes del protagonista por las ruinas de lo que alguna vez fueron grandes metrópolis. A lo largo de sus periplos, Mark se encuentra con diversas comunidades que intentan sobrevivir de formas variopintas: algunas se aferran a fanatismos religiosos, otras intentan preservar el conocimiento científico de forma aislada, y muchas han sucumbido a la ley del más fuerte. A través de estos encuentros, Robin Wood desarrolla una reflexión filosófica sobre el poder, la corrupción y la resiliencia. Mark actúa a menudo como un catalizador o un observador cínico que, pese a su aparente frialdad, termina involucrándose en conflictos donde la justicia es un concepto difuso.

El apartado visual de Ricardo Villagrán es fundamental para la identidad de la obra. Su estilo, caracterizado por un entintado detallado y un uso magistral de las sombras, logra transmitir la atmósfera opresiva y polvorienta del mundo post-nuclear. Villagrán destaca especialmente en la representación de la tecnología obsoleta y los paisajes desolados, creando una sensación de escala y abandono que sumerge al lector en la historia. La anatomía de los personajes y el dinamismo en las secuencias de acción elevan el guion de Wood, convirtiendo cada entrega en una experiencia cinematográfica sobre el papel.

Un elemento distintivo de 'Mark' es la presencia de los "mutantes". En este universo, la radiación no solo ha destruido, sino que ha transformado la biología terrestre. Estas criaturas no son meros monstruos de relleno; representan el miedo al "otro" y las consecuencias tangibles de la soberbia humana. La interacción de Mark con estos seres añade una capa de complejidad moral a la trama, cuestionando quiénes son los verdaderos monstruos en un mundo sin guías morales.

En resumen, 'Mark' es una obra que trasciende su época. Aunque bebe de influencias como *Mad Max* o la literatura de ciencia ficción de mediados del siglo XX, logra construir una identidad propia gracias a la sensibilidad narrativa de Wood y el virtuosismo gráfico de Villagrán. Es un cómic que evita las soluciones fáciles y los finales felices, optando por una visión cruda y realista de la supervivencia. Para el lector contemporáneo, 'Mark' sigue siendo una pieza de estudio obligatoria sobre cómo construir un mundo coherente, personajes tridimensionales y una atmósfera envolvente sin necesidad de artificios innecesarios. Es, en esencia, el retrato de un hombre caminando por el fin del mundo, buscando no solo sobrevivir, sino entender qué significa ser humano cuando todo lo demás se ha perdido.

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