Margarí 16, la obra de Víctor Coyote (Víctor Aparicio), se erige como una de las crónicas gráficas más lúcidas y vibrantes sobre la transformación urbana en la España contemporánea. Publicada por la editorial Fulgencio Pimentel, esta novela gráfica no es solo el relato de un edificio, sino un estudio antropológico y visual de un ecosistema en peligro de extinción: el barrio madrileño tradicional frente al avance de la gentrificación y la turistificación desmedida.
La narrativa se sitúa en una dirección concreta, el número 16 de la calle Margarí, un inmueble que funciona como un microcosmos donde convergen distintas generaciones, estratos sociales y visiones del mundo. A través de sus páginas, Coyote despliega una estructura coral que evita el protagonismo único para centrarse en la colectividad. El edificio es un organismo vivo que respira a través de sus vecinos: desde aquellos que han habitado sus muros durante décadas y representan la memoria histórica del barrio, hasta los nuevos inquilinos que llegan con maletas de ruedas y contratos de alquiler temporal, simbolizando la volatilidad del mercado inmobiliario actual.
El conflicto central de la obra, aunque se manifiesta de forma sutil y cotidiana, es la pérdida de la identidad vecinal. Coyote huye del panfleto político directo para optar por un costumbrismo afilado. La trama avanza mediante la observación de las rutinas, las conversaciones en el portal y los pequeños roces de convivencia que, sumados, dibujan un panorama de resistencia silenciosa. El autor explora cómo el concepto de "hogar" se ve amenazado por fuerzas externas —fondos de inversión, plataformas de alquiler vacacional y reformas estéticas que borran el pasado—, transformando lo que antes era un refugio comunitario en un producto de consumo intercambiable.
Visualmente, Margarí 16 es una explosión de estilo que reafirma a Víctor Coyote como un artista con una voz gráfica inconfundible. Su dibujo se aleja del realismo académico para abrazar una estética expresionista, casi pop, caracterizada por el uso de líneas gruesas y una paleta cromática audaz. Los colores no son meramente decorativos; funcionan como indicadores emocionales y atmosféricos que subrayan la vitalidad de la calle y la melancolía de los interiores. La arquitectura del edificio está representada con una mezcla de precisión y deformación subjetiva, logrando que el lector sienta la solidez de los muros pero también la precariedad de quienes los habitan.
El guion destaca por su oído absoluto para el diálogo. Coyote captura el habla popular, los giros idiomáticos de Madrid y el ritmo de las discusiones vecinales con una naturalidad pasmosa. No hay artificios en la forma en que los personajes se comunican; hay una honestidad que permite al lector reconocer en esas viñetas a personas reales, lejos de los arquetipos planos. Esta cercanía es la que permite que los temas de calado social —la soledad de los mayores, la precariedad juvenil, la especulación— calen de manera profunda sin necesidad de recurrir a giros dramáticos forzados.
En definitiva, Margarí 16 es un testimonio gráfico esencial para entender las ciudades del siglo XXI. Es un cómic que documenta el fin de una era y el inicio de otra mucho más aséptica, pero lo hace celebrando la vida que aún late en los rellanos y en las aceras. Víctor Coyote ha conseguido crear una obra que es, al mismo tiempo, un mapa emocional de un barrio y una advertencia sobre lo que perdemos cuando las ciudades dejan de pertenecer a quienes las viven para pertenecer a quienes las compran. Es una lectura obligatoria para los amantes del noveno arte que buscan historias con poso sociológico, ejecutadas con una maestría visual que desafía las convenciones del género costumbrista.