Manticore, publicada por la editorial AfterShock Comics, es una obra que se sitúa con firmeza en la intersección del horror visceral, el *thriller* de supervivencia y la ciencia ficción especulativa de corte industrial. Escrita por Tze Chun e ilustrada con un estilo distintivo por Artyom Trakhanov, la serie propone una visión desencantada y peligrosa del futuro de la expansión humana en el espacio, alejándose de las utopías tecnológicas para centrarse en la suciedad, el peligro y la amoralidad corporativa.
La trama nos traslada a un futuro donde la humanidad ha colonizado diversos rincones del sistema solar, pero no bajo un estandarte de exploración científica, sino bajo el yugo de megacorporaciones que ven cada asteroide y satélite como una fuente de beneficios. La historia se desarrolla principalmente en una colonia minera remota y aislada, un entorno claustrofóbico donde la vida humana tiene un valor secundario frente a la extracción de recursos. En este escenario, el concepto de la "Manticora" —nombre que evoca a la criatura mitológica híbrida y letal— no se refiere a una leyenda, sino a una amenaza biológica tangible y aterradora que ha sido desatada o descubierta en las profundidades de la operación minera.
El núcleo narrativo sigue a un grupo de especialistas y trabajadores que se ven atrapados en una situación de emergencia extrema. La premisa se construye sobre la base del "horror en espacios cerrados", un tropo clásico del género que aquí se eleva mediante una construcción de mundo (*world-building*) meticulosa. No se trata simplemente de sobrevivir a un monstruo; la trama explora cómo las estructuras de poder corporativo y la negligencia sistémica son tan peligrosas como la criatura misma. Los protagonistas deben navegar no solo por pasillos oscuros y sistemas de soporte vital fallidos, sino también por las traiciones y los protocolos secretos de la empresa para la que trabajan, la cual parece tener intereses que van mucho más allá de la seguridad de sus empleados.
Visualmente, el trabajo de Artyom Trakhanov es fundamental para definir la identidad de Manticore. Su estilo se aleja del realismo limpio de otros cómics de ciencia ficción para abrazar una estética "sucia", orgánica y densamente detallada. El diseño de la tecnología es funcional y desgastado, transmitiendo una sensación de obsolescencia y peligro constante. El uso de las sombras y la composición de las viñetas refuerzan la sensación de asfixia, logrando que el lector sienta la presión del vacío espacial y la amenaza que acecha en la oscuridad. La representación de la violencia y el horror biológico es explícita pero narrativa, sirviendo para enfatizar la fragilidad del cuerpo humano en un entorno hostil.
El guion de Tze Chun maneja el ritmo con precisión, alternando momentos de tensión silenciosa con estallidos de acción frenética. La caracterización de los personajes evita los arquetipos planos; cada miembro del grupo tiene motivaciones que oscilan entre la desesperación económica y el instinto más básico de preservación. A medida que la historia avanza, el misterio sobre el origen y la naturaleza de la amenaza se entrelaza con una crítica mordaz al capitalismo extractivo, sugiriendo que el verdadero horror no siempre es lo que viene de fuera, sino lo que estamos dispuestos a crear o permitir en nombre del progreso financiero.
En resumen, Manticore es una propuesta sólida para los lectores que buscan una narrativa de género madura. Es un cómic que utiliza los elementos del *sci-fi horror* para construir una atmósfera de pavor existencial, apoyada en un apartado artístico que captura perfectamente la decadencia de una frontera espacial olvidada por Dios. Sin recurrir a giros innecesarios, la obra mantiene su enfoque en la lucha desesperada por la supervivencia en un lugar donde nadie puede oír los gritos, y donde las corporaciones ya han calculado el coste de las bajas antes incluso de que comience el desastre. Es una lectura tensa, visualmente impactante y temáticamente relevante dentro del catálogo contemporáneo de AfterShock.