Les Chemins de Malefosse (conocida simplemente como *Malefosse*) es una de las obras fundamentales del cómic histórico europeo, perteneciente a la tradición de la *bande dessinée* franco-belga de corte realista. Creada por el guionista Daniel Bardet y el dibujante François Dermaut en 1982 para la revista *Circus*, la serie se desmarca de las visiones románticas de la historia para ofrecer un retrato crudo, minucioso y descarnado de la Francia de finales del siglo XVI.
La trama se sitúa en un periodo de extrema inestabilidad: las Guerras de Religión. El país está fracturado entre católicos y hugonotes, mientras Enrique de Navarra (el futuro Enrique IV) lucha por consolidar su legitimidad al trono. En este escenario de caos, fanatismo y miseria, la narrativa no se centra en los grandes reyes o generales, sino en personajes que habitan los márgenes del conflicto, moviéndose por la supervivencia, el dinero o la lealtad personal en lugar de por ideales abstractos.
Los protagonistas absolutos son Gunther y Pritz, dos mercenarios alemanes —específicamente *reitres* o jinetes negros— que destacan por su pragmatismo y su letalidad. No son héroes en el sentido clásico; son hombres de armas curtidos, cínicos y eficientes que conocen bien el valor de la vida en un mundo donde esta se vende barata. Su misión inicial, que sirve de motor para el primer gran ciclo de la serie, es escoltar a Ariane de Malefosse, una joven noble cuya familia ha sido diezmada y cuyo patrimonio está en disputa. Lo que comienza como un encargo de protección se transforma rápidamente en una odisea a través de una Francia devastada, donde cada camino esconde una emboscada y cada posada puede ser una trampa.
El guion de Daniel Bardet destaca por una labor de documentación exhaustiva que no solo se refleja en los hechos históricos, sino especialmente en el lenguaje. Bardet utiliza un castellano (en su traducción) que intenta evocar el habla arcaica, rica en modismos de la época, jerga militar y expresiones populares que dotan a la obra de una textura literaria única. Esta elección lingüística refuerza la inmersión del lector en el siglo XVI, alejándolo de anacronismos modernos.
En el apartado visual, el trabajo de François Dermaut es capital para entender el éxito y la longevidad de la obra. Su dibujo se caracteriza por un realismo sucio y detallado. Dermaut no escatima en mostrar la fealdad de la época: el barro de los caminos, las texturas de las armaduras oxidadas, los rostros curtidos por la intemperie y la violencia explícita de los combates. La arquitectura de las ciudades y la representación de los bosques franceses están ejecutadas con una precisión casi topográfica, lo que convierte al entorno en un personaje más de la historia. El color, aplicado de forma magistral, refuerza la atmósfera opresiva y húmeda de los paisajes europeos.
A diferencia de otros cómics de capa y espada, *Malefosse* evita el maniqueísmo. No hay bandos claramente "buenos" o "malos". Tanto los partidarios de la Liga Católica como los protestantes son capaces de las mayores atrocidades en nombre de la fe o el poder. Gunther y Pritz navegan por este mar de intrigas políticas y religiosas intentando mantener su propio código de honor mercenario, lo que a menudo los coloca en situaciones moralmente ambiguas.
La estructura de la serie es la de un viaje constante. El título original, *Los caminos de Malefosse*, hace referencia directa a esta naturaleza itinerante. A medida que los protagonistas avanzan hacia su destino, el lector es testigo de la descomposición social de Francia: el hambre del campesinado, la corrupción de la baja nobleza y el espionaje que se filtra en cada estrato de la sociedad. La serie logra equilibrar perfectamente las escenas de acción trepidante con momentos de pausa donde se desarrollan las complejas relaciones entre los personajes.
Tras la marcha de Dermaut en el tomo 12, la serie continuó bajo el lápiz de Brice Goepfert, quien mantuvo la coherencia visual y el rigor histórico exigido por los guiones de Bardet. *Malefosse* es, en definitiva, una obra imprescindible para los amantes del cómic histórico que buscan una narrativa adulta, rigurosa y carente de concesiones sentimentales, consolidándose como un fresco humano sobre la brutalidad y la resiliencia en uno de los periodos más oscuros de la historia europea.