Makoki Integral no es solo una recopilación de historietas; es la crónica definitiva de una España subterránea que emergía a dentelladas durante la Transición. Este volumen recoge la trayectoria completa del personaje más icónico del *underground* nacional, creado por Miguel Gallardo y Juan Mediavilla (sobre una idea original de Felipe Borrayo), consolidándose como el testimonio gráfico más crudo, hilarante y lingüísticamente revolucionario del cómic adulto en español.
La obra se centra en las andanzas de Makoki, un fugitivo de un hospital psiquiátrico que recorre las calles de una Barcelona marginal y convulsa. El diseño del personaje es ya un icono de la cultura popular: un individuo de facciones angulosas, ataviado con una bata de hospital y, lo más distintivo, unos electrodos que aún cuelgan de su cabeza tras un tratamiento de electrochoque fallido. Makoki no es un héroe, ni siquiera un antihéroe al uso; es un superviviente del asfalto, un delincuente de poca monta cuya única filosofía es la libertad absoluta y el caos como respuesta a un sistema que intenta, sin éxito, lobotomizarlo.
El valor de este integral reside en su capacidad para capturar la atmósfera de los barrios bajos y el ambiente de las cárceles y los reformatorios de finales de los años 70 y principios de los 80. A través de sus páginas, el lector acompaña a Makoki y a su peculiar grupo de aliados, conocidos como "la basca" —personajes como el Cuco, el Niñato o el Emo—, en una sucesión de peripecias que oscilan entre el surrealismo lisérgico y el realismo más sucio. Las tramas suelen arrancar con planes de fuga, atracos chapuceros o simples deambulaciones por bares y callejones, pero siempre desembocan en situaciones de un dinamismo frenético.
Uno de los pilares fundamentales de la obra es su lenguaje. Gallardo y Mediavilla realizaron un trabajo de campo sin precedentes al trasladar al papel el "cheli" y la jerga carcelaria de la época. El uso de términos como "bofia", "parné", "talego" o "kely" no solo aportaba veracidad a los diálogos, sino que dotaba a la obra de una musicalidad y una identidad propias que influyeron en toda una generación de lectores y autores. El guion de Mediavilla, cargado de una ironía mordaz y un ritmo endiablado, se complementa a la perfección con el dibujo de Gallardo.
Visualmente, el cómic evoluciona desde un trazo más tosco y puramente *underground* hacia lo que se denominó la "línea chunga". Es un estilo que rechaza la limpieza de la línea clara franco-belga para abrazar el detalle abigarrado, la suciedad de los escenarios y una expresividad casi grotesca en los rostros. Cada viñeta está saturada de información, reflejando el ruido y la furia de la ciudad. La arquitectura de las páginas es libre, rompiendo a menudo la cuadrícula tradicional para enfatizar la sensación de descontrol que rodea al protagonista.
El *Makoki Integral* incluye hitos narrativos como "Fuga en la Modelo", donde se retrata con una mezcla de humor y crudeza la realidad del sistema penitenciario, o "Makoki en el Puerto", historias que definieron el tono de la revista que llevaría el nombre del personaje. Al leer estas páginas de forma continuada, se percibe una evolución no solo artística, sino también sociológica: el cómic actúa como un espejo deformante de una sociedad que intentaba dejar atrás la dictadura mientras lidiaba con la heroína, el desempleo y la falta de horizontes para la juventud de los suburbios.
En definitiva, este volumen es una pieza arqueológica esencial para entender el cómic europeo de vanguardia. Sin recurrir a la nostalgia fácil, la obra se mantiene vigente gracias a su energía indomable y su rechazo frontal a cualquier tipo de corrección política. Es el retrato de un tiempo y un lugar donde la libertad se buscaba en los márgenes, y donde un loco con cables en la cabeza se convirtió en el símbolo de una resistencia tan desesperada como divertida.