El cómic 'Makoki', específicamente su primer episodio y las historias fundacionales que lo componen, representa uno de los hitos más disruptivos de la narrativa gráfica española. Creado originalmente por Miguel Gallardo y Juan Mediavilla, basándose en un relato breve de Felipe Borrayo, este primer arco no solo presenta a un personaje, sino que inaugura una estética y un lenguaje que definirían el *underground* (o "comix") de la Transición española.
La trama de este primer episodio arranca con un evento catalizador: la fuga de Makoki de un hospital psiquiátrico (el "frenopático"). El protagonista no es un héroe convencional, sino un fugitivo de la cordura institucional que huye vistiendo todavía la camisa de fuerza y, lo más icónico, con los cables de un tratamiento de electroshock aún adheridos a su cabeza. Estos electrodos, lejos de ser un lastre, se convierten en su seña de identidad visual y en una fuente de energía caótica que impulsa sus acciones erráticas por una Barcelona marginal y convulsa.
El guion se aleja de las estructuras narrativas tradicionales de planteamiento, nudo y desenlace para sumergir al lector en una huida frenética. Makoki, tras su escape, se reencuentra con su "basca" (su grupo de amigos y cómplices), personajes que conforman un ecosistema de la marginalidad urbana: el Emo, el Cuco, el Niñato y otros seres que habitan los estratos más bajos de la sociedad. La historia se centra en la supervivencia diaria, el conflicto constante con la autoridad —representada por una policía a menudo tan brutal como ineficiente— y la búsqueda de placeres inmediatos en un entorno de delincuencia de poca monta y consumo de sustancias.
Uno de los pilares fundamentales de este primer episodio es el uso del lenguaje. Gallardo y Mediavilla trasladaron al papel el "cheli" y la jerga de los barrios bajos barceloneses con una precisión casi sociológica. El cómic no se lee de forma pasiva; exige que el lector se familiarice con términos como "bofia", "pibe", "tronco" o "chutarse", integrando el habla de la calle en la narrativa de una manera que nunca antes se había visto en el tebeo español. Este realismo lingüístico contrasta con la naturaleza caricaturesca y exagerada de los dibujos, creando una disonancia que refuerza el tono satírico y rebelde de la obra.
Visualmente, el trabajo de Gallardo en este primer episodio muestra una evolución desde un trazo más rígido hacia una expresividad sucia y detallada. La Barcelona que recorre Makoki no es la de las postales, sino una ciudad de callejones oscuros, comisarías lúgubres y bares de mala muerte. El dibujo es denso, lleno de detalles que retratan la decadencia urbana, con un uso del blanco y negro que acentúa la atmósfera opresiva de la que el protagonista intenta escapar constantemente.
Sin entrar en detalles que arruinen la lectura, el conflicto central de este inicio es la persecución. Makoki es un elemento subversivo que el sistema necesita reincorporar o anular. Su figura encarna la resistencia individual frente a la normalización forzada. El primer episodio establece las reglas de este universo: la violencia es omnipresente pero a menudo tratada con un humor negro corrosivo, y la libertad es un estado transitorio que se defiende a base de ingenio callejero y una falta absoluta de respeto por las jerarquías.
En resumen, el primer episodio de Makoki es la piedra angular del cómic contracultural en España. Es una obra que captura el desencanto y la energía explosiva de una juventud que se sentía al margen de los cambios políticos oficiales. A través de la