Madriz

La revista *Madriz*, publicada entre enero de 1984 y finales de 1987, no es simplemente una antología de historietas, sino el artefacto cultural que mejor encapsula la vanguardia estética de la España de los años ochenta. Surgida bajo el amparo institucional de la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Madrid, esta publicación se distanció de las corrientes comerciales y de los géneros tradicionales para proponer una ruptura formal sin precedentes en el mercado nacional. Bajo la dirección editorial de Jorge Berlanga y la coordinación artística de figuras como Felipe Hernández Cava, *Madriz* se convirtió en el laboratorio de la denominada "historieta de autor" o "cómic de vanguardia".

El núcleo conceptual de la revista reside en su relación con la ciudad que le da nombre. Madrid no actúa únicamente como escenario geográfico, sino como un ente vivo, una atmósfera y un estado mental. A través de sus páginas, la capital se deconstruye mediante miradas subjetivas que huyen del costumbrismo rancio para abrazar la modernidad, el desencanto post-dictadura y la efervescencia de la Movida. Sin embargo, a diferencia de otras publicaciones de la época, *Madriz* no buscaba el impacto del "underground" o la "línea chunga", sino que apostaba por una sofisticación visual que rozaba lo pictórico y lo poético.

Desde el punto de vista gráfico, *Madriz* supuso una revolución. La revista fue el escaparate de una generación de artistas que hoy son considerados maestros indiscutibles del medio. Nombres como Raúl (Raúl Fernández Calleja), Federico del Barrio, Ana Juan, Victoria Martos, José Luis Ágreda o El Cubri, entre muchos otros, experimentaron con la composición de la página, el uso expresivo del color y la integración de técnicas propias de la ilustración y el diseño gráfico. En sus páginas, la narrativa secuencial clásica a menudo se diluye en favor de la metáfora visual. Las historias suelen ser breves, fragmentarias y cargadas de una densidad simbólica que exige una lectura activa y pausada.

La estructura de la revista evitaba las series de continuidad larga, prefiriendo relatos autoconclusivos que exploraban temas como la soledad urbana, el erotismo, la memoria histórica y la alienación contemporánea. Esta apuesta por la experimentación pura llevó a la publicación a ser objeto de intensos debates políticos y sociales en su momento; fue tildada de elitista e ininteligible por sectores que no comprendían el giro hacia la abstracción que el cómic estaba dando. No obstante, esa misma resistencia a lo convencional es lo que ha permitido que su legado perdure como un referente de libertad creativa absoluta.

Técnicamente, la revista destacó por una calidad de impresión y un formato que dignificaban el cómic, alejándolo del quiosco de consumo rápido para acercarlo a la categoría de objeto de arte. El uso de sombras dramáticas, geometrías imposibles y una paleta de colores que oscilaba entre lo onírico y lo crudo, definió una estética "postmoderna" que influyó decisivamente en la evolución de la novela gráfica española contemporánea.

En resumen, *Madriz* es una obra colectiva que desafía las definiciones cerradas. No se lee como una sucesión de aventuras, sino como un mapa emocional de una época de transición. Es un testimonio de un tiempo en el que el cómic se atrevió a dejar de ser solo entretenimiento para convertirse en literatura visual de alto calado. Para el lector actual, acercarse a *Madriz* es descubrir el origen de la modernidad en la historieta española y entender cómo el dibujo puede capturar la esencia de una ciudad y de una generación sin necesidad de recurrir a los tropos habituales de la narrativa de ficción. Es, en esencia, el triunfo de la imagen como lenguaje autónomo y profundo.

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