Luuna

Luuna es una de las obras más emblemáticas de la fantasía heroica dentro del panorama del cómic franco-belga contemporáneo. Creada por el guionista Crisse (Didier Chrispeels) y el dibujante Nicolas Keramidas, y publicada originalmente por la editorial Soleil, esta serie logra fusionar la mitología de los pueblos nativos americanos con los tropos clásicos de la aventura épica, presentando una narrativa visualmente deslumbrante y temáticamente profunda.

La historia se sitúa en una Norteamérica mítica y precolombina, un territorio donde la naturaleza está imbuida de magia y los espíritus caminan entre los hombres. La protagonista es Luuna, la joven hija del gran jefe de la tribu de los Paumanok. Como heredera de su linaje, Luuna está destinada a un papel de liderazgo, pero su vida da un giro trágico y sobrenatural durante su rito de iniciación. En este universo, cada individuo está vinculado a un tótem espiritual, pero Luuna es víctima de una maldición lanzada por Unkui, el dios del mal y de la noche.

El núcleo narrativo de la obra reside en la dualidad impuesta a la protagonista. Debido a la maldición, Luuna no posee un solo tótem, sino dos: un lobo blanco, que representa su pureza, su bondad y su conexión con la luz; y un lobo negro, una entidad salvaje, sanguinaria y destructiva que encarna sus instintos más oscuros. La manifestación de estos tótems está intrínsecamente ligada a los ciclos lunares. Durante la luna llena, el lobo blanco domina, permitiendo que Luuna sea ella misma; sin embargo, cuando la luna desaparece, el lobo negro toma el control, transformándola en una criatura despiadada capaz de cometer actos atroces contra su propia gente.

Ante la imposibilidad de vivir con esta carga que amenaza con destruir a su tribu, Luuna emprende un viaje iniciático y geográfico hacia el sur. Su objetivo es encontrar una cura o, al menos, una forma de equilibrar las fuerzas opuestas que habitan en su interior. A lo largo de su periplo, la joven no estará sola. La acompañan personajes variopintos, destacando los Pipintus, unas pequeñas criaturas mágicas y traviesas que aportan un contrapunto de humor a una trama que, por momentos, roza la tragedia y el horror.

El mundo que Crisse construye es rico en folclore y cosmogonía. No se limita a una representación histórica de las tribus indígenas, sino que expande estos conceptos hacia una "fantasía amerindia" donde los dioses son caprichosos, los demonios acechan en los bosques y cada elemento de la naturaleza posee una voz. La búsqueda de Luuna la lleva a interactuar con otras culturas y entidades espirituales, elevando la escala del conflicto de un problema personal a una lucha por el equilibrio del mundo natural.

Visualmente, el trabajo de Nicolas Keramidas es fundamental para la identidad del cómic. Con un estilo que bebe directamente de la animación (con influencias claras de la escuela Disney de los años 90), Keramidas logra un dinamismo excepcional en las escenas de acción y una expresividad conmovedora en los personajes. Sin embargo, este estilo "amable" contrasta de forma magistral con la crudeza de la historia. El dibujo es capaz de pasar de la belleza bucólica de los paisajes vírgenes a la ferocidad visceral de los ataques del lobo negro, utilizando una paleta de colores vibrante que refuerza la atmósfera mística de la obra.

En definitiva, *Luuna* es un cómic que explora la lucha interna entre el bien y el mal, la pérdida de la inocencia y la búsqueda de la identidad. A través de su estructura de "road movie" espiritual, la serie invita al lector a reflexionar sobre la dualidad humana mientras ofrece un espectáculo visual de primer orden. Es una pieza imprescindible para entender la evolución de la fantasía en la *bande dessinée* moderna, alejándose de los castillos medievales europeos para abrazar la vastedad y el misterio de las leyendas del Nuevo Mundo.

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