Hablar de 'Los Vikingos' (*Les Vikings*), la obra maestra guionizada por Jean Ollivier e ilustrada magistralmente por el portugués Eduardo Coelho, es adentrarse en una de las cumbres del noveno arte europeo. Publicada originalmente en las páginas de la mítica revista francesa *Pif Gadget* a partir de finales de los años 60, esta serie no es solo un cómic de aventuras; es un monumento a la narrativa histórica y una de las representaciones más fidedignas y poéticas que se han realizado jamás sobre el pueblo nórdico en el medio del tebeo.
La sinopsis nos sitúa en el corazón de la Era Vikinga, pero lejos de los clichés de bárbaros sedientos de sangre y cascos con cuernos —un anacronismo que la obra evita con elegancia—. La historia sigue las crónicas de un grupo de hombres del norte, capitaneados por figuras que encarnan el espíritu de la exploración y el honor, mientras navegan en sus estilizados *drakkars* por mares desconocidos. El relato se estructura a través de una serie de viajes que llevan a los protagonistas desde los gélidos fiordos de Escandinavia hasta las costas de Armorica, el Mediterráneo e incluso las estepas de la Europa oriental.
Lo que hace que 'Los Vikingos' destaque sobre otras obras de temática similar es su enfoque equilibrado. Jean Ollivier, un guionista con una cultura enciclopédica y una sensibilidad especial para el relato épico, no se limita a narrar incursiones y saqueos. El cómic explora la cosmogonía de este pueblo, su relación casi mística con el mar y su estructura social. La trama se teje entre la realidad histórica y la leyenda, permitiendo que el lector sienta el peso del destino (*fatum*) que tanto preocupaba a los hombres del norte, pero manteniendo siempre los pies en la madera crujiente de la cubierta de un barco.
El apartado visual de Eduardo Coelho merece un análisis aparte. Como experto, puedo afirmar que el trabajo de Coelho en esta serie es una lección de dibujo anatómico, perspectiva y ambientación. Su trazo, detallado y vibrante, logra capturar la textura de las pieles, el frío del metal de las hachas y, sobre todo, la majestuosidad del océano. El mar en 'Los Vikingos' no es un simple fondo; es un personaje vivo, a veces calmo y protector, otras veces furioso y destructivo. La capacidad de Coelho para dibujar barcos es legendaria: sus *drakkars* parecen flotar realmente sobre el papel, con una precisión técnica que delata una investigación exhaustiva.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia del lector, la narrativa nos presenta conflictos que van más allá de la espada. Los protagonistas se enfrentan a dilemas morales, al choque cultural con los pueblos que encuentran en sus viajes y a la lucha constante por la supervivencia en un mundo donde la naturaleza es tan hermosa como implacable. Hay una melancolía subyacente en muchas de sus páginas, una sensación de que estamos siendo testigos del final de una era y del nacimiento de otra.
La serie evita el maniqueísmo. Los vikingos de Ollivier