Los Potamoks

Los Potamoks, publicada originalmente a finales de los años 90, representa una de las colaboraciones más frescas y determinantes dentro del panorama del cómic francobelga contemporáneo. Guionizada por el prolífico Joann Sfar y dibujada por el maestro español José Luis Munuera, esta obra se aleja de los cánones tradicionales de la fantasía épica para proponer una fábula surrealista, dinámica y profundamente humana. La serie, compuesta por tres álbumes (*Terra Incognita*, *Los buscadores de nubes* y *Los hombres de las estepas*), es un ejercicio de imaginación desbordante que redefine el concepto de heroísmo a través de la lente del absurdo.

La trama nos sitúa en un mundo onírico y fragmentado, un universo que parece regirse por leyes físicas y lógicas propias, donde la geografía es tan cambiante como el humor de sus habitantes. Los protagonistas son tres hermanos, los Potamoks: Puit, Puit-Puit y Puit-Puit-Puit. Estos seres, de aspecto pequeño, redondeado y aparentemente inofensivo, cargan sobre sus hombros una responsabilidad de proporciones cósmicas. Según las profecías y el orden establecido de su mundo, ellos son los guardianes destinados a proteger la existencia frente a la amenaza del "Gran Vacío", una fuerza nihilista que amenaza con borrar la realidad y sumergirlo todo en la nada absoluta.

A diferencia de los héroes de la fantasía clásica, los Potamoks no poseen una valentía inquebrantable ni habilidades guerreras excepcionales. Su fuerza reside en su fraternidad, en su desconcertante forma de razonar y en una suerte de resiliencia pasiva ante el caos que los rodea. La narrativa de Sfar evita deliberadamente los tropos del "viaje del héroe" convencional. En su lugar, opta por una estructura de periplo errante donde los encuentros con personajes secundarios —a menudo más extraños y complejos que los propios protagonistas— sirven para construir un tapiz sobre la identidad, el miedo al olvido y la importancia de las historias que nos contamos para dar sentido al mundo.

El apartado visual de José Luis Munuera es, sin lugar a dudas, el motor que dota de vida y velocidad a la obra. En *Los Potamoks*, Munuera despliega un estilo que bebe directamente de la animación clásica pero con una sofisticación moderna. Su dibujo se caracteriza por una elasticidad asombrosa; los personajes parecen estar en constante movimiento, incluso en los momentos de calma. El diseño de los Potamoks es un triunfo de la síntesis visual: son icónicos, expresivos y capaces de transmitir una amplia gama de emociones con apenas unos trazos. Los escenarios, por otro lado, son una amalgama de paisajes imposibles, desde desiertos infinitos hasta estructuras arquitectónicas que desafían la gravedad, todo ello plasmado con un nivel de detalle que invita a la relectura.

Uno de los puntos más interesantes del cómic es el equilibrio tonal. Aunque a primera vista pueda parecer una obra infantil debido a su estética colorida y sus personajes caricaturescos, *Los Potamoks* posee una capa de lectura filosófica y melancólica. Sfar introduce diálogos que oscilan entre el humor más disparatado y reflexiones existenciales sobre la muerte, el vacío y el propósito de la vida. Esta dualidad es lo que convierte a la obra en una pieza de culto: es capaz de divertir con gags visuales de ritmo frenético mientras siembra en el lector una inquietud poética sobre la fragilidad de nuestro entorno.

La interacción entre los tres hermanos es el corazón emocional de la serie. Cada uno representa un matiz diferente de la respuesta ante la adversidad: la curiosidad, el escepticismo y la acción impulsiva. A medida que avanzan en su misión de contener el Gran Vacío, los Potamoks descubren que el mundo exterior es mucho más vasto y aterrador de lo que imaginaban, pero también que la verdadera amenaza no siempre es una fuerza externa, sino la pérdida de la capacidad de asombro y la desconexión entre los seres vivos.

En conclusión, *Los Potamoks* es una obra imprescindible para entender la renovación del cómic europeo de finales del siglo XX. Es una aventura que rechaza la solemnidad para abrazar la maravilla, donde el guion de Sfar y el arte de Munuera se fusionan para crear un universo único. Es una historia sobre la resistencia frente a la nada, contada con una energía visual envidiable y un trasfondo intelectual que resuena mucho después de cerrar el libro. Un cómic que demuestra que, a veces, para salvar el mundo, no hace falta ser un guerrero, sino simplemente mantenerse unido a los tuyos mientras caminas hacia lo desconocido.

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