Los Hermanos Wood

Los Hermanos Wood es una de las obras fundamentales de la historieta argentina, nacida de la colaboración entre el guionista paraguayo Robin Wood y el dibujante Enrique Villagrán (quien a menudo firmaba bajo el seudónimo de Gómez Sierra). Publicada originalmente por la mítica Editorial Columba en revistas como *El Tony* y *D'artagnan*, esta serie se aleja de los tropos convencionales del género para ofrecer una visión cruda, humanista y profundamente psicológica del Lejano Oeste norteamericano.

La trama se sitúa en el periodo posterior a la Guerra de Secesión, un escenario marcado por la desolación, la falta de leyes y la lucha por la supervivencia. La historia comienza con una tragedia que define el destino de los protagonistas: tres hermanos —Bill, Kevin y el pequeño, cuyo nombre a menudo queda relegado a su posición familiar— quedan huérfanos tras el asesinato de sus padres y la destrucción de su hogar. A partir de este evento traumático, los tres se ven obligados a madurar prematuramente y a emprender un viaje errante a través de una frontera salvaje que no tiene piedad con los débiles.

El núcleo narrativo de la obra no reside únicamente en la acción o los duelos al sol, sino en la dinámica interna de la fraternidad. Robin Wood utiliza a los personajes para explorar diferentes facetas de la condición humana frente a la adversidad. Bill, el mayor, asume el rol de figura paterna y protectora, cargando con el peso moral de mantener la integridad del grupo. Kevin representa la fuerza física y la impulsividad, siendo a menudo el brazo ejecutor de la justicia necesaria en un entorno hostil. Por su parte, el hermano menor actúa como el ancla emocional y el recordatorio constante de la inocencia que el mundo intenta arrebatarles.

A diferencia de otros westerns de la época, *Los Hermanos Wood* destaca por su realismo sucio. No hay héroes de una pieza ni villanos caricaturescos; los antagonistas suelen ser hombres rotos por la guerra o la miseria, y los propios protagonistas deben tomar decisiones éticamente ambiguas para sobrevivir. La serie se estructura de forma episódica, pero mantiene un hilo conductor centrado en el crecimiento y la pérdida. Los hermanos atraviesan pueblos fantasma, desiertos implacables y asentamientos mineros, encontrándose en cada etapa con lecciones sobre la lealtad, la traición y la futilidad de la violencia.

En el apartado visual, el trabajo de Enrique Villagrán es magistral y esencial para la atmósfera de la obra. Su estilo se caracteriza por un dibujo realista, con un uso soberbio de las sombras y el claroscuro que acentúa la dureza del paisaje y la expresividad de los rostros. Villagrán logra capturar la inmensidad del Oeste no como un lugar de aventuras románticas, sino como un espacio opresivo y vasto que empequeñece a los hombres. El diseño de los personajes evoluciona visualmente a medida que la serie avanza, reflejando en sus rasgos el cansancio y las cicatrices, tanto físicas como emocionales, de su peregrinaje.

Otro elemento distintivo es el uso de los textos de apoyo y los monólogos internos. Robin Wood, conocido por su prosa lírica y reflexiva, dota a la historieta de una profundidad literaria poco común. La narración suele estar impregnada de una melancolía existencial, cuestionando constantemente si es posible conservar la humanidad en un mundo que parece haberla olvidado. La relación entre los hermanos es el único refugio sólido en un entorno de caos, y esa unión inquebrantable es el motor que impulsa cada página.

En conclusión, *Los Herman

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