Los Heresiarcas

Los Heresiarcas, obra cumbre de la historieta argentina contemporánea, es el resultado de la colaboración entre dos gigantes del medio: el guionista Carlos Trillo y el dibujante Domingo Mandrafina. Publicada originalmente por entregas en la mítica revista *Puertitas* a principios de los años 90, esta obra se erige como una parábola oscura, cínica y visualmente subyugante sobre el poder, la fe y la corrupción inherente a las estructuras sociales cerradas.

La narrativa se sitúa en un escenario atemporal y asfixiante conocido simplemente como La Colonia. Este enclave no es solo un lugar geográfico, sino un estado mental y político regido por una teocracia decadente y absoluta. En La Colonia, la distinción entre el pecado y el delito ha desaparecido; las leyes son dogmas y cualquier desviación de la norma establecida por la casta gobernante es castigada con una brutalidad que roza lo grotesco. La sociedad está dividida de forma estricta entre los "Puros", una aristocracia deforme tanto física como moralmente que ostenta el control total, y los desposeídos, que sobreviven en los márgenes de un sistema diseñado para su aniquilación.

El concepto de "Heresiarca" en este cómic no se limita a la definición religiosa tradicional. Aquí, la herejía es el acto supremo de rebelión: es el pensamiento crítico, el deseo individual y la búsqueda de una verdad que no haya sido filtrada por el Consejo que gobierna la ciudad. Los protagonistas de estas historias —a menudo personajes marginales, cínicos o desesperados— se ven envueltos en tramas donde la traición es la moneda de cambio habitual. Trillo construye un guion fragmentado pero cohesionado, donde cada capítulo funciona como una pieza de un rompecabezas que revela la podredumbre de una civilización que se devora a sí misma.

El apartado visual de Domingo Mandrafina es, sin lugar a dudas, el pilar que sostiene la atmósfera de la obra. Su uso del claroscuro es magistral, heredero de la tradición del *film noir* y del expresionismo alemán, pero con una identidad rioplatense inconfundible. Las sombras en *Los Heresiarcas* no son solo ausencia de luz; son presencias físicas que ocultan conspiraciones y deformidades. Mandrafina dota a los personajes de una expresividad exagerada, casi caricaturesca en su fealdad, lo que refuerza la idea de que la corrupción del alma se manifiesta inevitablemente en el cuerpo. Los escenarios, cargados de detalles arquitectónicos opresivos y texturas sucias, transmiten una sensación de claustrofobia constante.

Temáticamente, la obra explora la manipulación de las masas a través del miedo y la superstición. Trillo utiliza la sátira para diseccionar cómo las instituciones utilizan la "pureza" como una herramienta de control social, mientras sus líderes se entregan a los mismos vicios que condenan públicamente. No hay héroes convencionales en esta historia; hay supervivientes que, en su intento por encontrar una grieta en el sistema, a menudo terminan convirtiéndose en aquello que detestan o siendo aplastados por la maquinaria implacable del Estado.

La narrativa evita los maniqueísmos simples. Aunque existe una crítica feroz a las dictaduras y a los fanatismos, el cómic se adentra en terrenos filosóficos más profundos, cuestionando la naturaleza de la libertad y si es posible la redención en un mundo donde la esperanza ha sido erradicada por decreto. La estructura episódica permite al lector observar diferentes estratos de La Colonia, desde los salones donde se decide el destino de miles hasta los callejones donde la vida no vale nada.

En conclusión, *Los Heresiarcas* es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic adulto. Es una obra que exige una lectura atenta, capaz de incomodar y fascinar a partes iguales. La sinergia entre el guion punzante de Trillo y el arte sombrío de Mandrafina crea un universo único que, décadas después de su publicación, sigue resonando como una advertencia vigente sobre los peligros del pensamiento único y la erosión de la dignidad humana bajo el peso del poder absoluto. Es, en esencia, un estudio sobre la resistencia del espíritu frente a la oscuridad más densa.

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