Los Gringos

Los Gringos representa una de las cumbres del wéstern europeo, fruto de la colaboración entre dos gigantes del noveno arte: el guionista belga Jean-Michel Charlier y el dibujante español Víctor de la Fuente. Publicada originalmente a finales de los años 70, esta obra se desmarca de los cánones del wéstern clásico estadounidense para adentrarse en un escenario histórico convulso, sucio y fascinante: la Revolución Mexicana de principios del siglo XX.

La trama se sitúa en 1912, un periodo de transición donde el viejo mundo de los forajidos a caballo comienza a chocar frontalmente con la modernidad tecnológica. Los protagonistas son dos estadounidenses con pasados radicalmente distintos que, por azares del destino y la necesidad de huir de la justicia de su país, terminan cruzando la frontera hacia un México en llamas. El primero es Pete, un antiguo piloto de exhibición y pionero de la aviación, un hombre que representa el futuro y que ve en su rudimentario aeroplano tanto una herramienta de supervivencia como una carga. El segundo es Slim, un pistolero de la vieja escuela, un hombre de acción directo y pragmático que domina el lenguaje del revólver.

A diferencia de otros héroes del género, Pete y Slim no son figuras impulsadas por un idealismo romántico o una búsqueda de justicia social. Son, ante todo, supervivientes y mercenarios por fuerza. Su apodo, "Los Gringos", subraya su condición de extranjeros permanentes, de elementos extraños en una tierra que los mira con desconfianza pero que ansía sus habilidades. A través de sus ojos, el lector es testigo de la brutalidad de la guerra civil, donde las alianzas son volátiles y la vida humana tiene poco valor. La narrativa evita los maniqueísmos; no hay bandos puramente buenos o malos, sino facciones enfrentadas —federales, villistas, zapatistas— en una lucha de poder donde la traición es la moneda de cambio habitual.

El guion de Charlier destaca por su rigor histórico y su capacidad para tejer tramas de aventura con un ritmo cinematográfico. El autor de *Blueberry* traslada aquí su maestría para el detalle técnico y la intriga política, pero con un tono más cínico y descarnado. Tras la muerte de Charlier, el guionista Guy Vidal asumió la tarea de continuar la serie, manteniendo la esencia de los personajes pero aportando un matiz quizás más introspectivo y amargo sobre la condición humana en tiempos de guerra.

En el apartado visual, Víctor de la Fuente despliega un virtuosismo técnico apabullante. Su dibujo es dinámico, caracterizado por un trazo enérgico y una composición de página que transmite la urgencia de la acción. De la Fuente es un maestro en la representación del movimiento, ya sea en las trepidantes persecuciones a caballo o en las precarias maniobras de los aviones de Pete. Su recreación de los paisajes mexicanos es magistral: el polvo, el calor sofocante y la aridez del terreno se sienten casi tangibles a través de sus sombreados y texturas. Además, el diseño de personajes huye de la limpieza estética; los rostros están marcados por el sudor, el cansancio y la violencia, lo que refuerza el realismo sucio que impregna toda la obra.

*Los Gringos* no es solo un cómic de aventuras; es un retrato del fin de una era. La presencia del aeroplano en un entorno de guerrillas rurales simboliza el fin del wéstern tradicional y el nacimiento de la guerra moderna. La serie explora temas como la codicia, la pérdida de la inocencia y la dificultad de mantener la integridad moral cuando se está atrapado entre fuegos cruzados. Es una obra imprescindible para entender la evolución del wéstern en el cómic europeo, ofreciendo una visión cruda, técnica y visualmente deslumbrante de uno de los periodos más turbulentos de la historia de América Latina.

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