Los Combates Cotidianos

Los Combates Cotidianos (*Le Combat ordinaire*), escrita y dibujada por el autor francés Manu Larcenet entre 2003 y 2008, es una de las obras fundamentales del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente en cuatro tomos por la editorial Dargaud, esta tetralogía supuso un punto de inflexión en la narrativa gráfica al abordar la madurez, la salud mental y la identidad social con una honestidad descarnada, alejándose de los tropos heroicos para centrarse en la épica de lo minúsculo.

La historia sigue a Marco, un fotógrafo de mediana edad que atraviesa una profunda crisis existencial. Tras años cubriendo conflictos bélicos y realidades crudas, Marco decide abandonar la vorágine de París y retirarse a una casa en el campo. Sin embargo, este retiro no es una huida idílica, sino el inicio de una confrontación directa con sus propios demonios. El protagonista sufre ataques de ansiedad recurrentes, una manifestación física de su incapacidad para gestionar el compromiso, el paso del tiempo y las expectativas que la sociedad y él mismo proyectan sobre su vida.

El título de la obra es una declaración de intenciones. Larcenet no narra grandes gestas, sino los "combates" diarios que cualquier individuo debe librar: la lucha por mantener una relación sentimental sana, el esfuerzo por comprender a unos padres que envejecen, la dificultad de aceptar las responsabilidades de la vida adulta y el reto de encontrar un propósito artístico que no esté viciado por el cinismo. Marco es un personaje complejo, a menudo irritable y egoísta, lo que permite al lector identificarse con sus debilidades de una forma que pocos cómics logran.

Un pilar central de la trama es la relación de Marco con su entorno. Por un lado, está Emily, una veterinaria que representa la posibilidad de un futuro estable y que obliga a Marco a salir de su ensimismamiento. Por otro lado, la figura de su padre cobra una relevancia vital. A través de él, Larcenet introduce una dimensión sociopolítica: el pasado de Francia en la guerra de Argelia y la decadencia de la clase obrera en los astilleros. El cómic explora cómo los traumas históricos y los silencios generacionales moldean la identidad de los hijos, convirtiendo la memoria familiar en un campo de batalla silencioso.

Visualmente, Larcenet emplea un estilo que bascula entre la caricatura y el realismo emocional. Sus personajes tienen rasgos exagerados —narices prominentes, cuerpos desgarbados— heredados de la tradición del *underground* y el humor gráfico, pero esta estética no resta gravedad a la historia. Al contrario, permite una expresividad que acentúa la vulnerabilidad de los protagonistas. El uso del color es narrativo: las escenas de ataques de pánico o de introspección profunda suelen estar marcadas por cambios en la paleta, transmitiendo una atmósfera opresiva o melancólica según lo requiera el guion.

La estructura de la obra permite que el lector acompañe a Marco durante varios años, siendo testigo de su evolución. No es una progresión lineal hacia la felicidad, sino un proceso de aceptación. Larcenet evita las soluciones fáciles y los finales edulcorados; en su lugar, ofrece una reflexión sobre la importancia de las pequeñas victorias y la necesidad de seguir adelante a pesar de las cicatrices.

En conclusión, *Los Combates Cotidianos* es un análisis sociológico y psicológico disfrazado de ficción cotidiana. Es una obra que reivindica el cómic como un medio capaz de explorar la complejidad del alma humana con la misma profundidad que la literatura existencialista. Su relevancia radica en haber sabido capturar el malestar de una generación que se siente perdida entre el peso del pasado y la incertidumbre del futuro, recordándonos que, a veces, el combate más difícil es simplemente aprender a vivir con uno mismo.

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