LOMM

LOMM, la obra del autor argentino Lucas Varela, se erige como un pilar de la narrativa visual contemporánea, desafiando las convenciones del cómic tradicional mediante el uso magistral del silencio y la composición. Publicada originalmente por entregas y posteriormente recopilada en un volumen integral, esta obra es un ejercicio de «world-building» puro donde la imagen no solo acompaña al relato, sino que es el relato en sí mismo.

La premisa de LOMM nos sitúa en un entorno post-apocalíptico o quizás alienígena, un páramo desolado donde la distinción entre lo orgánico y lo mecánico se ha difuminado por completo. En este escenario, seguimos los pasos de Lomm, una criatura pequeña, de aspecto frágil y diseño minimalista, que debe navegar por un ecosistema hostil e implacable. La obra prescinde totalmente de diálogos y textos de apoyo, confiando plenamente en la capacidad del lector para interpretar la gestualidad, el ritmo de las viñetas y la lógica interna de un mundo que se rige por leyes biológicas y físicas desconocidas.

El núcleo narrativo de la obra es la supervivencia en su estado más primario. Lomm no es un héroe en el sentido clásico; no tiene una misión épica ni busca salvar su mundo. Su objetivo es, simplemente, existir un día más. A través de su viaje, Varela nos presenta una cadena trófica de pesadilla, poblada por entidades biomecánicas, depredadores de formas imposibles y estructuras arquitectónicas que parecen haber crecido de la tierra como tumores de metal y carne. Cada encuentro fortuito en el camino de Lomm es una lección sobre la indiferencia de la naturaleza y la crueldad inherente a la evolución.

Desde el punto de vista técnico, el estilo de Lucas Varela en LOMM es una evolución sofisticada de la «línea clara» franco-belga, pero aplicada a una estética de ciencia ficción surrealista y perturbadora. El trazo es limpio, preciso y de una elegancia que contrasta violentamente con la brutalidad de lo que se narra. El uso del color es fundamental: Varela emplea paletas vibrantes pero desaturadas en puntos clave, creando una atmósfera de extrañeza constante. La arquitectura de la página está diseñada para guiar el ojo del lector a través de vastos paisajes desérticos y complejos interiores laberínticos, manteniendo siempre una claridad narrativa absoluta a pesar de la ausencia de palabras.

Uno de los aspectos más fascinantes de LOMM es su capacidad para generar empatía sin recurrir a la antropomorfización excesiva. Aunque el protagonista es una criatura extraña, sus reacciones ante el peligro, el hambre o el cansancio son universales. El lector se convierte en un observador silencioso, un naturalista que documenta el paso de este ser por un mundo que parece haber olvidado la presencia humana, si es que alguna vez la hubo. La obra explora temas profundos como la soledad, el ciclo de la vida y la muerte, y la resiliencia de la chispa vital en entornos de entropía máxima.

En conclusión, LOMM es una pieza indispensable para entender las posibilidades del cómic como lenguaje autónomo. Es una experiencia inmersiva que exige una lectura atenta y activa, donde cada detalle en el fondo de una viñeta puede contener la clave para comprender el funcionamiento de este universo. Lucas Varela logra crear una epopeya muda que resuena con una fuerza visual arrolladora, consolidándose como una de las visiones más originales y coherentes de la ciencia ficción gráfica actual. Es, en esencia, un triunfo de la forma sobre la exposición, una obra que demuestra que, a veces, el silencio es la herramienta más poderosa para contar una historia sobre la vida.

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