Let Me In: Crossroads es una miniserie de cuatro números publicada por la editorial Dark Horse Comics entre finales de 2010 y principios de 2011. Esta obra surge como una expansión narrativa directa de la película *Let Me In* (2010), dirigida por Matt Reeves, la cual es a su vez la adaptación estadounidense de la novela sueca *Låt den rätte komma in* de John Ajvide Lindqvist. El cómic cuenta con el guion de Marc Andreyko, conocido por su trabajo en *Manhunter*, y el arte de Patric Reynolds, cuyo estilo realista y sombrío define la identidad visual de esta entrega.
La historia se sitúa cronológicamente antes de los eventos narrados en el filme, funcionando como una precuela que profundiza en la compleja y trágica relación entre Abby, la niña vampiro, y Thomas, su abnegado protector y facilitador. La trama arranca con la pareja en constante movimiento, huyendo de un pasado violento y buscando refugio en un entorno rural de los Estados Unidos durante la década de los 80. El núcleo narrativo no se centra únicamente en el horror sobrenatural, sino en la logística mundana y desesperada de la supervivencia: la búsqueda de un nuevo hogar, la necesidad de pasar desapercibidos y, sobre todo, la imperante obligación de Thomas de conseguir sangre fresca para alimentar a Abby.
Desde una perspectiva de guion, Andreyko explora la dinámica de poder y dependencia que une a los protagonistas. A diferencia de otras historias de vampiros donde la inmortalidad se presenta con tintes románticos o aristocráticos, aquí se retrata como una carga parasitaria. Thomas es presentado como un hombre consumido por los años y la culpa, cuya vida ha sido sacrificada para servir a un ser que nunca envejece. El cómic examina el desgaste psicológico de este personaje, mostrando cómo la devoción se mezcla con el resentimiento y el miedo. Por su parte, Abby es retratada con una dualidad inquietante: posee la apariencia de una niña vulnerable, pero alberga una naturaleza depredadora antigua y despiadada que emerge cuando el hambre acecha.
El apartado visual de Patric Reynolds es fundamental para establecer la atmósfera de la obra. Su dibujo se aleja de los cánones tradicionales del cómic de superhéroes para abrazar un realismo sucio y cargado de texturas. El uso extensivo de sombras y una paleta de colores apagada refuerzan la sensación de aislamiento y frialdad. Reynolds logra capturar la decrepitud de los entornos rurales y la tensión en los rostros de los personajes, lo que eleva el tono de la narrativa hacia el horror psicológico y el drama criminal. La violencia en *Crossroads* es cruda y carente de espectáculo; se presenta como algo sucio y necesario, lo que acentúa la tragedia de la condición de los protagonistas.
Un elemento clave de esta obra es cómo expande el "lore" sin traicionar la esencia del material original. El cómic introduce conflictos secundarios, como la sospecha de los vecinos y la intervención de figuras de autoridad, que sirven para ilustrar lo difícil que es para Abby y Thomas mantener su anonimato en una sociedad que, aunque ajena a lo sobrenatural, es intrínsecamente violenta. La narrativa evita los clichés del género para enfocarse en la soledad compartida por dos parias que están atrapados en un ciclo interminable de muerte y huida.
En conclusión, *Let Me In: Crossroads* es una pieza esencial para los seguidores de la franquicia que buscan comprender mejor los años previos al encuentro de Abby con Owen. No es solo un producto derivado para promocionar una película, sino una exploración seria y oscura sobre la lealtad, el sacrificio y el horror que conlleva la preservación de la vida a cualquier precio. La obra logra mantener la melancolía característica de la historia original de Lindqvist, aportando una visión descarnada de la mitología vamp