*Léon la Came* es una de las obras más singulares, ácidas y visualmente fascinantes de la historieta europea contemporánea. Publicada originalmente en tres volúmenes entre 1993 y 1997 (*Léon la Came*, *Laid, pauvre et malade* y *Priez pour nous*), esta trilogía es el resultado de la colaboración entre dos gigantes del medio: el guionista Sylvain Chomet (reconocido mundialmente por su faceta como director de cine de animación en *Bienvenidos a Belleville*) y el dibujante Nicolas de Crécy, cuyo estilo gráfico rompió moldes en la década de los noventa.
La narrativa se sitúa en una Francia de posguerra que transita hacia la modernidad industrial, centrando su foco en la familia Houx-Wardiere, una estirpe de empresarios que ha construido un imperio basado en la industria cosmética. El patriarca actual, Gérald Houx-Wardiere, es un hombre rígido, obsesionado con la eficiencia, la imagen pública y el control absoluto de su fábrica, "Auprès de ma Blonde". Gérald representa la burguesía implacable, pero su autoridad se ve constantemente socavada por la mediocridad de su hijo y heredero, Gwendal, un joven apático y carente de cualquier tipo de carisma o visión empresarial.
El equilibrio precario de esta familia se rompe con la reaparición de Léon, el abuelo y fundador de la dinastía, a quien todos daban por acabado o, al menos, por neutralizado. Léon, apodado "la Came" (un término que en francés coloquial puede referirse tanto a la droga como a alguien excéntrico o "trasto"), es el antítesis de la estructura corporativa que Gérald intenta mantener. Es un anciano anárquico, vitalista, cínico y profundamente disruptivo. Su regreso no solo pone en peligro la estabilidad financiera y social de los Houx-Wardiere, sino que actúa como el catalizador que saca a la luz las miserias, los secretos y la podredumbre moral que se esconde tras la fachada de éxito de la familia.
Desde el punto de vista artístico, el trabajo de Nicolas de Crécy en esta obra es fundamental para entender su impacto. De Crécy se aleja de la línea clara tradicional para ofrecer un dibujo expresionista, abigarrado y deliberadamente grotesco. Sus personajes poseen anatomías deformadas que reflejan sus carencias espirituales; los rostros son mapas de arrugas, tics y expresiones desencajadas. El entorno, desde la arquitectura opresiva de la fábrica hasta los interiores decadentes de la mansión familiar, está retratado con una riqueza de texturas y un uso del color que oscila entre lo sombrío y lo onírico. La estética de la obra refuerza constantemente la sensación de una sociedad enferma, donde la belleza es solo un producto químico que se vende en frascos, mientras que la realidad es sucia y deforme.
El guion de Chomet utiliza la sátira mordaz para diseccionar temas como el capitalismo salvaje, el nepotismo, la decadencia de la aristocracia industrial y la hipocresía de las convenciones sociales. No hay héroes en *Léon la Came*; cada personaje es, a su manera, una víctima o un verdugo de su propio entorno. La relación entre el abuelo Léon y su nieto Gwendal se convierte en el eje emocional de la historia, planteando un choque generacional donde la locura del anciano parece ser la única respuesta cuerda ante un mundo deshumanizado por el beneficio económico.
En resumen, *Léon la Came* es una obra maestra de la narrativa gráfica que combina un humor negro negrísimo con una crítica social feroz. Es un cómic que exige una lectura atenta, no solo por la densidad de su trama, sino por la cantidad de detalles y matices que De Crécy introduce en cada viñeta. Una pieza imprescindible para comprender la evolución del cómic francés hacia terrenos