Last Mortal, publicada bajo el sello Top Cow de Image Comics y creada por los guionistas John Mahoney y Filip Sablik junto al artista Thomas Nachlik, es una obra que subvierte de manera cruda y visceral uno de los tropos más antiguos de la ficción: la inmortalidad. Lejos de presentarla como un don divino o una ventaja estratégica, este cómic la explora como una condena existencial enmarcada en un entorno de cine negro contemporáneo, donde la redención parece un concepto inalcanzable.
La historia se centra en Alec King, un protagonista que dista mucho de ser un héroe. Alec es un criminal de poca monta, un hombre cínico, desencantado y autodestructivo que ha pasado la mayor parte de su vida fracasando en todo lo que se propone. Su existencia es una espiral de malas decisiones, deudas y una falta absoluta de propósito. La narrativa comienza en un punto de ruptura: Alec, cansado de su propia mediocridad y del peso de sus errores, decide que la única salida lógica es terminar con su vida. Sin embargo, tras un intento de suicidio que debería haber sido definitivo, Alec despierta. No solo sobrevive, sino que descubre que posee una capacidad de regeneración que desafía toda lógica biológica.
Este descubrimiento no viene acompañado de una fanfarria heroica. Para Alec, descubrir que no puede morir es la broma más pesada que el destino podría haberle gastado. La inmortalidad en Last Mortal no es limpia ni indolora; el protagonista siente cada impacto, cada desgarro y cada momento de agonía antes de que su cuerpo, de forma involuntaria, lo traiga de vuelta al mundo de los vivos. Esta premisa transforma el concepto de "superpoder" en una carga psicológica devastadora: Alec es un hombre que desea desesperadamente el olvido, pero que está condenado a presenciar su propia supervivencia una y otra vez.
La trama se complica cuando Alec se ve arrastrado de nuevo al submundo criminal que intentaba abandonar. Su "don" lo convierte en un activo extremadamente valioso y, al mismo tiempo, en un cabo suelto peligroso. La historia se entrelaza con una conspiración que involucra a un candidato a la alcaldía con un pasado turbio y una serie de asesinatos que parecen estar conectados con el origen de la condición de Alec. A medida que la narrativa avanza, el cómic se aleja de la acción gratuita para centrarse en un misterio de estilo *hardboiled*, donde la corrupción política y los secretos familiares pesan tanto como las balas.
Visualmente, el trabajo de Thomas Nachlik es fundamental para establecer la atmósfera de la obra. Con un estilo que utiliza de manera magistral el blanco y negro, Nachlik dota a la ciudad de una cualidad opresiva y sombría. El uso de las sombras y el alto contraste refuerza la sensación de suciedad y desesperanza que rodea a Alec. El arte no escatima en mostrar la brutalidad de las heridas del protagonista, enfatizando que, aunque Alec no pueda morir, su cuerpo sufre de una manera que resulta difícil de digerir para el lector. Esta elección estética alinea perfectamente el cómic con las tradiciones del *noir* más oscuro, recordando a obras como *Sin City*, pero con un enfoque mucho más introspectivo y menos estilizado.
Uno de los puntos más fuertes de Last Mortal es su exploración de la moralidad. Alec King no busca salvar el mundo; inicialmente, solo busca una forma de que todo se detenga. Sin embargo, su nueva condición lo obliga a enfrentarse a las consecuencias de sus actos pasados y a decidir si, ahora que tiene todo el tiempo del mundo, finalmente hará algo que valga la pena. La dinámica entre Alec y los personajes secundarios, especialmente aquellos que conocen su secreto, añade capas de tensión sobre quién está usando a quién en un juego de poder donde la vida humana tiene muy poco valor.
En resumen, Last Mortal es una pieza de género negra, compacta y asfixiante. Es una reflexión sobre la culpa, el destino y la ironía de recibir lo que menos deseas en el momento en que más lo necesitas. Para los lectores que buscan una historia que mezcle el realismo sucio con un toque de fantástico macabro, este cómic ofrece una visión desmitificada de la vida eterna, recordándonos que, a veces, el mayor castigo no es la muerte, sino la imposibilidad de alcanzarla. Es una