*Las tierras huecas* (*Les Terres creuses*) representa una de las cumbres de la historieta franco-belga de vanguardia, fruto de la colaboración entre los hermanos Luc y François Schuiten. Esta trilogía, compuesta por los álbumes *Caparazones* (1981), *Zara* (1985) y *NogegoN* (1990), no solo es una obra de ciencia ficción especulativa, sino un tratado sobre la relación entre el diseño del entorno y la psicología de las sociedades que lo habitan. A través de estos tres relatos independientes pero temáticamente entrelazados, los autores exploran mundos con leyes físicas y sociales radicalmente distintas a la nuestra, alejándose de los tropos convencionales del género para abrazar una narrativa arquitectónica y filosófica.
El primer volumen, *Caparazones*, sitúa al lector en un mundo desértico y hostil donde la supervivencia depende de estructuras móviles y protectoras. La sociedad está fragmentada en clanes que habitan en el interior de gigantescas conchas o caparazones que se desplazan por un paisaje infinito de arena. En este entorno, la privacidad y el espacio personal son conceptos inexistentes o extremadamente rígidos. La trama sigue a dos jóvenes que, movidos por el deseo y la curiosidad, desafían las estrictas normas de su comunidad. Schuiten utiliza este escenario para reflexionar sobre el aislamiento, el peso de la tradición y la necesidad humana de trascender los límites físicos impuestos por el entorno. Visualmente, el álbum destaca por su capacidad para transmitir la inmensidad del vacío y la fragilidad de la tecnología orgánica frente a los elementos.
El segundo volumen, *Zara*, traslada la acción a un planeta de naturaleza exuberante y verticalidad extrema. Zara es un mundo habitado exclusivamente por mujeres, cuya estructura social y biológica está intrínsecamente ligada a la flora del planeta. La llegada accidental de un hombre rompe el equilibrio de esta utopía ginecocrática, desencadenando una serie de conflictos que ponen de relieve las tensiones entre los sexos y la fragilidad de los sistemas cerrados. Aquí, la arquitectura se funde con la botánica; las ciudades son organismos vivos que crecen y se transforman. Luc Schuiten, arquitecto de profesión, proyecta en este álbum sus teorías sobre la "archiborescencia", mientras que François despliega un virtuosismo gráfico en la representación de texturas vegetales y anatomías fluidas, creando una atmósfera de sensualidad y extrañeza.
La trilogía culmina con *NogegoN*, posiblemente la obra más ambiciosa y conceptual del conjunto. El título mismo es un palíndromo, lo que anticipa la obsesión central del relato: la simetría perfecta. En el planeta NogegoN, todo —desde la geografía y la arquitectura hasta el lenguaje y las relaciones sociales— debe ser estrictamente simétrico. Cualquier desviación del equilibrio es considerada una aberración o un crimen. La narrativa sigue a una forastera que llega a este mundo y se ve envuelta en una trama de amor y pérdida que desafía las leyes de la duplicidad. Lo más fascinante de este volumen es su estructura formal: el cómic está diseñado como un palíndromo visual y narrativo. La composición de las páginas de la primera mitad del libro se refleja de manera invertida en la segunda mitad, creando un juego de espejos que obliga al lector a reconsiderar cada viñeta.
En conjunto, *Las tierras huecas* funciona como un laboratorio de ideas. Los Schuiten no se limitan a contar historias; construyen cosmogonías completas donde la estética no es un adorno, sino el motor de la trama. La precisión técnica de François Schuiten, con su trazo limpio y su dominio de la perspectiva heredado de los grabadores del siglo XIX, otorga a estos mundos imposibles una verosimilitud asombrosa. Por su parte, los guiones de Luc Schuiten plantean interrogantes sobre la ecología, el urbanismo y la libertad individual frente a las estructuras sistémicas.
Esta obra es el preludio indispensable para entender la posterior y aclamada serie *Las ciudades oscuras*. En *Las tierras huecas*, los autores ya demuestran que el cómic puede ser un vehículo para la exploración sociológica y estética de alto nivel, consolidándose como una lectura esencial para quienes buscan una ciencia ficción que priorice la construcción de mundos y la profundidad conceptual sobre la acción convencional. Es, en definitiva, una invitación a asomarse a los abismos de la imaginación arquitectónica.