Las aventuras de Alef-Thau

Las aventuras de Alef-Thau es una de las obras más singulares y profundamente espirituales dentro de la vasta trayectoria del guionista chileno Alejandro Jodorowsky, creada en colaboración con el dibujante francés Arno (Arnaud Dombre). Publicada originalmente a partir de 1983, esta serie se desmarca de la ciencia ficción tecnológica de *El Incal* para adentrarse en los terrenos de la fantasía heroica, aunque pasada por el tamiz del misticismo, la alquimia y la simbología del tarot, elementos recurrentes en la bibliografía de su autor.

La premisa del cómic nos sitúa en el mundo de Mu-Dhara, un entorno onírico y surrealista donde la magia y las criaturas fantásticas son la norma. El protagonista, Alef-Thau, nace bajo una circunstancia trágica y simbólica: es un niño sin brazos ni piernas, un "tronco" humano que carece de movilidad pero que posee una herencia real y un destino mesiánico. La obra narra su odisea personal para recuperar su integridad física y, simultáneamente, su soberanía espiritual y política sobre un reino sumido en el caos y la opresión.

Estructuralmente, la serie se organiza como un "viaje del héroe" atípico. A diferencia de los relatos de espada y brujería convencionales, donde el protagonista suele ser un guerrero dotado de facultades extraordinarias desde el inicio, Alef-Thau comienza desde la vulnerabilidad absoluta. Cada volumen de la saga representa una etapa de su evolución. El protagonista no solo debe enfrentarse a enemigos externos y tiranos, sino que debe superar pruebas iniciáticas que le permiten ir "ganando" sus miembros y sentidos. Esta progresión física es una metáfora transparente de la maduración psicológica y el despertar de la conciencia; para Jodorowsky, el cuerpo es el reflejo del alma, y la reconstrucción de Alef-Thau es, en esencia, un proceso de autodescubrimiento.

El componente emocional de la obra está anclado en la relación de Alef-Thau con Diamante, una figura femenina que actúa como su contraparte, su motivación y, a menudo, su salvadora. El amor entre ambos es el motor que impulsa al héroe a través de paisajes desoladores y desafíos que desafían la lógica. A lo largo de los álbumes, el lector presencia una transición desde la inocencia infantil hacia la complejidad de la adultez, enfrentando temas como la traición, el sacrificio, el poder y la redención.

Visualmente, el trabajo de Arno es fundamental para definir la identidad de la serie. Su estilo, caracterizado por un trazo detallado y una capacidad asombrosa para diseñar arquitecturas imposibles y criaturas grotescas pero bellas, otorga a Mu-Dhara una atmósfera de fragilidad y extrañeza. Tras el prematuro fallecimiento de Arno, la serie fue continuada por el dibujante Al Covial, quien mantuvo la estética establecida pero bajo una dirección narrativa que cerraba el ciclo vital del personaje.

*Las aventuras de Alef-Thau* se divide en dos grandes ciclos. El primero, compuesto por los álbumes dibujados por Arno, se centra en la búsqueda de la forma humana y la lucha contra el malvado dictador que usurpa el trono. El segundo ciclo expande la mitología del personaje hacia horizontes más metafísicos, explorando las consecuencias del poder y la naturaleza de la realidad misma.

En resumen, este cómic es una pieza clave de la *Bande Dessinée* de los años 80 y 90. No es solo una historia de aventuras, sino un tratado sobre la superación de las limitaciones autoimpuestas y la búsqueda de la plenitud. Para el lector interesado en la narrativa de Jodorowsky, Alef-Thau representa su faceta más lírica y optimista, ofreciendo una fábula épica donde la voluntad humana y el amor son las únicas herramientas capaces de reconstruir un mundo fragmentado. Es una obra que exige una lectura atenta a sus capas simbólicas, consolidándose como un referente indispensable de la fantasía filosófica en el noveno arte.

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