Las aguas de Mortelune (*Les Eaux de Mortelune*) es una de las obras más singulares, densas y visualmente fascinantes de la historieta franco-belga de finales del siglo XX. Publicada originalmente a partir de 1983, esta serie es el resultado de la colaboración entre el guionista Patrick Cothias y el dibujante Philippe Caza. Juntos construyeron una epopeya postapocalíptica que se aleja de los tropos habituales del género para adentrarse en una distopía donde la ecología, la decadencia social y la locura se entrelazan de forma indisoluble.
La premisa nos sitúa en un futuro indeterminado donde la Tierra ha sufrido un colapso ecológico total. El agua, el recurso más básico para la vida, ha desaparecido casi por completo de la superficie, convirtiéndose en el eje central de todo poder, religión y conflicto. En este escenario desolador se alza Mortelune, una ciudad-fortaleza que sobrevive como un último bastión de una civilización deformada. Mortelune no es solo un refugio, sino un sistema jerárquico brutal donde la escasez de recursos ha dictado una estructura social extrema y grotesca.
En la cúspide de esta pirámide se encuentra el Príncipe Jérôme, un gobernante infantilizado, caprichoso y mentalmente inestable que ejerce un control absoluto sobre las escasas reservas de agua potable. Bajo su mando, una aristocracia decadente vive sumergida en el exceso y la crueldad, mientras que en los niveles inferiores, la gran masa de la población —los "pequeños"— sobrevive en condiciones infrahumanas, alimentándose de raciones mínimas y soñando con el regreso mítico de las lluvias. La narrativa se centra en esta tensión constante entre los que poseen el líquido elemento y aquellos que están dispuestos a cualquier atrocidad por una gota.
El guion de Patrick Cothias destaca por su crudeza y su capacidad para retratar la bajeza humana. No hay héroes convencionales en Mortelune; los personajes se mueven por instintos de supervivencia, ambición o delirios místicos. La historia explora cómo la desesperación transforma la moralidad y cómo el poder absoluto, en un entorno de carencia total, deriva inevitablemente en la demencia. La trama avanza a través de intrigas palaciegas, revueltas populares y la búsqueda casi religiosa de una fuente de agua pura que podría cambiar el destino de la humanidad, o simplemente prolongar su agonía.
Sin embargo, lo que eleva a *Las aguas de Mortelune* a la categoría de obra de culto es el arte de Philippe Caza. Su estilo es inconfundible: un dibujo detallado, orgánico y profundamente atmosférico. Caza logra plasmar la aridez del mundo exterior con una paleta de colores terrosos y texturas que transmiten la sensación de sed y suciedad. En contraste, los interiores de Mortelune están llenos de detalles barrocos y diseños arquitectónicos imposibles que subrayan la desconexión de la élite con la realidad. El diseño de personajes es igualmente notable, mostrando cuerpos deformados por la desnutrición o la mutación, y rostros que reflejan un cansancio existencial profundo.
La obra también funciona como una crítica feroz al egoísmo humano y a la gestión de los recursos naturales. A través de la metáfora del agua, Cothias y Caza plantean preguntas incómodas sobre la sostenibilidad y la justicia social. Mortelune es un espejo deformado de nuestras propias ansiedades ecológicas, llevado al extremo de la pesadilla. La serie no ofrece concesiones al lector; es un viaje asfixiante por un mundo que se desmorona, donde la esperanza es un bien tan escaso como el agua misma.
En resumen, *Las aguas de Mortelune* es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic de ciencia ficción adulto de los años 80 y 90. Es una obra que exige una lectura atenta, no solo por la complejidad de su trama política y social, sino por la riqueza visual de sus páginas. Es un testimonio de una época en la que el cómic europeo se atrevía a explorar los rincones más oscuros de la psique humana y el destino del planeta, dejando una huella imborrable en el lector a través de su atmósfera opresiva y su belleza decadente. Aquellos que busquen una historia de supervivencia que trascienda la acción pura para entrar en el terreno de la filosofía distópica encontrarán en Mortelune un referente ineludible.