Lafayette, la monumental obra de Marc Torices publicada por Apa Apa Cómics, se erige como uno de los hitos más ambiciosos y complejos de la narrativa gráfica contemporánea en España. No es simplemente una biografía, sino una reconstrucción fragmentada, vibrante y profundamente humana de la vida de un personaje real que parece extraído de la ficción más inverosímil: Lafayette, un cantante y animador afroamericano que, tras un periplo vital errático, acabó convirtiéndose en una figura de culto en la Barcelona de las últimas décadas del siglo XX.
La obra se estructura como un puzle existencial que abarca más de cuatrocientas páginas, donde Torices despliega un virtuosismo técnico inusual. El cómic narra la trayectoria de este hombre desde sus orígenes en Estados Unidos hasta su asentamiento en la capital catalana, explorando su ascenso, sus momentos de gloria en los escenarios de la noche barcelonesa y su posterior declive. Sin embargo, lo que define a *Lafayette* no es solo el "qué" se cuenta, sino el "cómo". El autor renuncia a una estética uniforme para abrazar una polifonía gráfica asombrosa. Cada etapa de la vida del protagonista, cada estado de ánimo o cada encuentro significativo está narrado con un estilo visual distinto.
A lo largo de sus páginas, el lector transita por estéticas que homenajean desde el *cartoon* clásico de los años 30 y el cómic *underground* de los 70, hasta el realismo sucio, la abstracción geométrica o el dibujo abocetado y expresionista. Este cambio constante de registro no es un mero alarde de estilo; funciona como una herramienta narrativa para reflejar la naturaleza inasible del propio Lafayette. El protagonista es un hombre de mil caras, un superviviente que se reinventa constantemente para encajar en un mundo que a menudo le es hostil. La mutabilidad del dibujo subraya la construcción de su identidad y la percepción, a veces distorsionada, que los demás tienen de él.
El contexto histórico juega un papel fundamental sin llegar a eclipsar la travesía personal. El cómic captura la atmósfera de una Barcelona en transformación, desde los estertores del franquismo hasta la efervescencia de la Transición y la posterior resaca olímpica. Lafayette se mueve por clubes nocturnos, pensiones humildes y escenarios improvisados, interactuando con una galería de personajes secundarios que aportan capas de veracidad y contraste a su historia. La obra evita caer en la hagiografía o el sentimentalismo barato; Torices retrata a un hombre con sus luces y sombras, sus talentos y sus contradicciones, sus éxitos efímeros y sus fracasos persistentes.
Narrativamente, el cómic destaca por su ritmo cinematográfico y su capacidad para alternar momentos de gran intensidad dramática con pasajes de un humor ácido y melancólico. La investigación previa de Torices es palpable en la riqueza de detalles, pero el autor logra que la documentación se integre de forma orgánica en el flujo de la historia, permitiendo que la ficción y la realidad se entrelacen de manera indisoluble.
En definitiva, *Lafayette* es una exploración sobre la memoria, el olvido y la persistencia del mito personal. Es la crónica de un extranjero perpetuo que buscó su lugar en el mundo a través del espectáculo y la música. Para el lector, enfrentarse a este volumen supone sumergirse en un artefacto narrativo que desafía las convenciones del género biográfico, ofreciendo una experiencia sensorial y emocional que reivindica el cómic como un medio capaz de abordar la complejidad de una vida humana con una profundidad y una libertad creativa excepcionales. Es, sin duda, una obra imprescindible para entender la