*Labyrinthes* (publicada originalmente en francés como *Dédales*) representa el regreso triunfal de Charles Burns, una de las figuras más icónicas y reconocibles del cómic alternativo estadounidense, tras la finalización de su trilogía iniciada con *Tóxico*. En esta obra, Burns retoma y refina las obsesiones temáticas y estéticas que han definido su carrera, construyendo un relato que se sitúa en la intersección entre la alienación juvenil, la cinefilia obsesiva y la delgada línea que separa la realidad de la ficción onírica.
La narrativa se centra en Brian, un joven introvertido y socialmente torpe cuya vida orbita casi exclusivamente alrededor de su pasión por el cine de terror y ciencia ficción de bajo presupuesto, así como por el dibujo. Brian es el arquetipo del observador pasivo, alguien que procesa el mundo a través del filtro de las imágenes cinematográficas y los tropos del género fantástico. Su aislamiento comienza a resquebrajarse cuando conoce a Laurie en una fiesta. Laurie no solo parece encajar en su mundo estético, sino que se convierte en el catalizador de un proyecto creativo que sirve como eje central de la trama: la filmación de una película amateur en formato Super-8.
El título de la obra, *Labyrinthes*, no es casual ni meramente decorativo. Funciona en múltiples niveles. Por un lado, alude a la estructura mental del protagonista, un joven perdido en sus propias inseguridades y en la mitología que ha construido a partir de las películas que consume. Por otro lado, se refiere a la estructura misma del cómic, donde Burns entrelaza la realidad cotidiana de los personajes con las escenas de la película que están rodando y con las secuencias oníricas que asaltan a Brian. El lector se ve inmerso en un juego de espejos donde los límites de lo que es "real" dentro de la diégesis de la historia se vuelven difusos, creando una atmósfera de extrañeza constante, lo que en términos psicoanalíticos se denomina *lo siniestro* (das Unheimliche).
Desde el punto de vista visual, Burns mantiene su nivel de excelencia técnica. Su estilo es inconfundible: un entintado de alto contraste, con líneas de una precisión quirúrgica y un uso del negro que otorga a cada viñeta una profundidad casi escultórica. A diferencia de sus obras anteriores en blanco y negro, como la célebre *Black Hole*, aquí el color juega un papel fundamental. La paleta de colores es sobria pero efectiva, utilizando tonos que refuerzan la sensación de nostalgia de finales de los años 70 o principios de los 80, y que diferencian sutilmente los distintos planos de la realidad. La composición de las páginas es metódica, con un ritmo pausado que obliga al lector a detenerse en los detalles, en las expresiones contenidas de los personajes y en la atmósfera opresiva de los escenarios.
El cómic también funciona como una carta de amor, aunque teñida de oscuridad, al cine de género. Hay referencias constantes a la estética de directores como David Cronenberg o Nicholas Roeg, y la película que los protagonistas intentan rodar —una historia sobre un alienígena o una criatura en un entorno boscoso— evoca la precariedad y la ambición de los cineastas independientes de la era pre-digital. Sin embargo, Burns no utiliza estas referencias como simple *fan service*, sino como herramientas para explorar la psicología de sus personajes. El cine es, para Brian, una máscara (literal y figurada) que le permite interactuar con los demás sin exponer su verdadero yo.
La relación entre Brian y Laurie es el corazón emocional de la obra, pero está lejos de ser un romance convencional. Es una conexión mediada por la creación artística y por la mirada de Brian, quien a menudo parece ver a Laurie más como un elemento compositivo de su película que como una persona con agencia propia. Esta tensión entre la idealización y la realidad es uno de los motores que impulsa la incertidumbre narrativa.
En conclusión, *Labyrinthes* es una obra introspectiva y densa que exige una lectura atenta. No busca el impacto fácil ni el susto repentino, sino que construye una sensación de inquietud persistente. Es un estudio sobre la identidad, la memoria y la forma en que las historias que consumimos acaban moldeando nuestra percepción de la existencia. Charles Burns demuestra una vez