La Saga de Vam

La Saga de Vam representa uno de los hitos más singulares y visualmente impactantes del cómic europeo de la década de los 80. Esta obra es el resultado de la adaptación al noveno arte de la novela homónima del escritor rumano Vladimir Colin, llevada a cabo por el artista croata Igor Kordey. Publicada originalmente por entregas y posteriormente recopilada en álbumes por editoriales como Toutain Editor en España, la obra se desmarca de las convenciones habituales de la fantasía heroica para ofrecer una narrativa densa, mitológica y profundamente atmosférica.

La trama se sitúa en un pasado remoto y brumoso, en una Tierra primitiva que parece regirse por leyes distintas a las de la historia conocida. El protagonista es Vam, un joven perteneciente a una de las doce tribus que pueblan este mundo arcaico. La historia arranca con un motor narrativo clásico: la búsqueda del padre. Vam emprende un viaje iniciático para encontrar a su progenitor, un hombre que desapareció tras partir hacia tierras desconocidas. Sin embargo, lo que comienza como una misión personal pronto se transforma en una odisea que abarca el destino de pueblos enteros y el enfrentamiento con fuerzas que rozan lo metafísico.

El mundo que presenta La Saga de Vam es un entorno hostil y fascinante, donde la supervivencia depende tanto de la fuerza física como de la comprensión de antiguos ritos y tabúes. A lo largo de su periplo, Vam debe atravesar territorios dominados por tribus con costumbres radicalmente distintas, enfrentándose a peligros naturales y a entidades que los hombres de su tiempo consideran dioses o demonios. La obra juega magistralmente con la ambigüedad entre la magia y una tecnología tan avanzada que resulta indistinguible de lo sobrenatural, sugiriendo un trasfondo de ciencia ficción antropológica que eleva el relato por encima del simple género de "espada y brujería".

Desde el punto de vista técnico, el trabajo de Igor Kordey es el pilar fundamental de la obra. Su estilo en esta etapa se caracteriza por un barroquismo visual sobrecogedor. Kordey utiliza un trazo minucioso y cargado de texturas para recrear paisajes desolados, arquitecturas imposibles y una anatomía humana que transmite tanto poder como vulnerabilidad. El uso del color y de las sombras no es meramente decorativo; sirve para acentuar la sensación de opresión y el misticismo que impregna cada página. La narrativa visual es pausada, permitiendo que el lector se sumerja en la extrañeza de los entornos que Vam recorre, desde desiertos infinitos hasta ciudadelas que parecen surgir de pesadillas geométricas.

El guion, fiel al espíritu de la novela de Colin, evita los diálogos expositivos innecesarios. Gran parte de la historia se transmite a través de las acciones de Vam y de sus reflexiones internas, lo que refuerza el carácter solitario y reflexivo del protagonista. Vam no es el héroe invulnerable típico; es un hombre joven que descubre la complejidad del mundo y la relatividad de la moralidad a medida que se aleja de su hogar. La saga explora temas como la transferencia del conocimiento, el peso de la herencia familiar, la lucha contra el determinismo y la transición de las sociedades primitivas hacia formas de organización más complejas y, a menudo, más crueles.

En resumen, La Saga de Vam es una pieza de culto que destaca por su madurez narrativa y su audacia estética. No busca la gratificación inmediata del lector mediante la acción constante, sino que propone una inmersión en un universo coherente, extraño y visualmente deslumbrante. Es una obra imprescindible para entender la evolución del cómic de autor europeo y la capacidad del medio para adaptar literatura compleja sin perder su identidad visual. Su lectura ofrece una experiencia sensorial y filosófica que sigue resultando vigente décadas después de su publicación original.

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