La Saga de Aznar: Una Epopeya Galáctica de Linaje y Supervivencia
«La Saga de Aznar» no es simplemente un cómic o una serie de novelas; es el pilar fundamental sobre el que se asienta la ciencia ficción clásica en España. Concebida originalmente por la pluma de Pascual Enguídanos (bajo el seudónimo de George H. White) en el formato de los populares «bolsilibros», su salto a las viñetas de la mano de Editorial Valenciana supuso un hito visual que definió el imaginario espacial de varias generaciones. Como experto en el noveno arte, es imposible no acercarse a esta obra con un sentido de reverencia, pues estamos ante una *space opera* de proporciones monumentales que rivaliza en ambición con los grandes referentes anglosajones.
La premisa de la saga es, en su esencia, la historia de la humanidad proyectada hacia el infinito, pero narrada a través de los ojos y las hazañas de una dinastía: los Aznar. La narrativa comienza en un futuro que, para los lectores de los años 50, resultaba vibrante y cercano, con los primeros pasos del hombre en la conquista del sistema solar. Sin embargo, lo que empieza como una aventura de exploración técnica pronto se transforma en una lucha desesperada por la preservación de la especie humana.
El motor de la historia es el linaje de Miguel Ángel Aznar de Soto. A diferencia de otros héroes del cómic que permanecen estáticos en el tiempo, la saga abraza una continuidad generacional asombrosa. A lo largo de las décadas (y los siglos en la ficción), asistimos al ascenso y caída de diferentes miembros de la familia Aznar, cada uno enfrentando los desafíos éticos, tecnológicos y bélicos de su propia era. Esta estructura permite que la obra explore no solo la acción, sino la evolución de la sociedad humana frente a lo desconocido.
Uno de los elementos más icónicos y fascinantes de la obra es la introducción de los Thorbods. Estos antagonistas, una raza de hombres-bestia de piel grisácea y tecnología avanzada, se convierten en la némesis recurrente de la humanidad. El conflicto con los Thorbods no es una simple guerra de buenos contra malos; es el catalizador que obliga a la humanidad a abandonar su cuna, la Tierra, y lanzarse a un exilio forzoso a través del vacío estelar.
Es en este contexto de exilio donde aparece el elemento tecnológico más recordado de la saga: el Autoplaneta Valera. Imaginen un planetoide hueco, convertido en una gigantesca nave espacial capaz de albergar a millones de personas, con sus propias ciudades, ecosistemas y defensas. Valera no es solo un vehículo; es un personaje en sí mismo, un mundo errante que busca un nuevo hogar mientras atraviesa galaxias, se enfrenta a imperios estelares y descubre los secretos del universo. La representación visual de Valera en el cómic, especialmente bajo el trazo de artistas como Matías Alonso, es un prodigio de diseño retro-futurista que destila una épica inigualable.
Visualmente, el cómic de «La Saga de Aznar» destaca por su dinamismo y su capacidad para plasmar la escala de lo colosal. Las viñetas están imbuidas de un sentido de maravilla: desde los uniformes militares de corte clásico hasta las arquitecturas alienígenas imposibles y las batallas espaciales que llenan páginas enteras con explosiones de energía y naves de diseño audaz. El estilo artístico evoluciona junto con la narrativa, capturando tanto la tensión de los pasillos metálicos de una nave como la vastedad de planetas inexplorados.
En resumen, «La Saga de Aznar» es una lectura obligatoria para cualquier amante del género. Es una historia de resistencia, de ingenio humano frente a la adversidad cósmica y, sobre todo, de la búsqueda incansable de un lugar en el universo. Sin necesidad de recurrir a giros predecibles, la obra se sostiene sobre una mitología rica y coherente que demuestra que la ciencia ficción en español tiene sus propias leyendas, capaces de mirar de tú a tú a las estrellas. Sumergirse en sus páginas es aceptar el reto de acompañar a los Aznar en un viaje que no conoce fronteras, a bordo de un planeta que navega por el infinito.