La saga de Alandor, creada por el historietista e ilustrador Cadelo (Mariano de la Torre), representa uno de los hitos más singulares y visualmente fascinantes del cómic español de la década de los 80. Publicada originalmente de forma serializada en las páginas de la mítica revista *Cimoc* de Norma Editorial, esta obra se desmarca de las convenciones del género de espada y brujería tradicional para adentrarse en los terrenos de la fantasía metafísica y el surrealismo visual.
La trama nos sitúa en un mundo crepuscular, una geografía que parece existir en los márgenes del tiempo y el espacio. El protagonista, Alandor, es un guerrero errante, pero su figura dista mucho de los arquetipos bárbaros popularizados por Robert E. Howard. Alandor es un observador, un hombre de pocas palabras cuya verdadera misión no es la conquista ni el saqueo, sino el tránsito a través de un paisaje en constante transformación. La saga se estructura como un viaje iniciático, una odisea fragmentada donde el destino final es menos importante que las revelaciones que el protagonista experimenta al interactuar con los extraños habitantes y las ruinas de civilizaciones olvidadas que pueblan su camino.
El entorno de Alandor es, quizás, el verdadero protagonista de la obra. Cadelo construye un universo donde lo orgánico y lo inorgánico se funden de manera inquietante. No estamos ante los bosques y castillos medievales habituales; el mundo de Alandor está compuesto por desiertos de estructuras imposibles, formaciones geológicas que parecen vivas y una arquitectura que evoca tanto un pasado glorioso como una decadencia inevitable. Es un escenario post-apocalíptico en un sentido espiritual, donde las leyes de la física parecen supeditadas a la lógica de los sueños.
Desde el punto de vista narrativo, la obra se aleja de la exposición directa. Cadelo confía en la capacidad del lector para interpretar los silencios y las metáforas visuales. La saga no se apoya en grandes bloques de texto explicativo, sino en una narrativa contemplativa. Alandor avanza por este mundo enfrentándose a desafíos que a menudo son más simbólicos que físicos. Los encuentros con otros personajes —seres mutados, sabios enigmáticos o entidades que parecen personificar conceptos abstractos— sirven para profundizar en temas como la búsqueda de la identidad, el peso del pasado y la naturaleza cíclica de la existencia.
El apartado gráfico es, sin duda, el elemento más distintivo de *La saga de Alandor*. Cadelo demuestra un dominio magistral de la línea fina y el detalle minucioso, lo que le valió comparaciones inevitables con el estilo de Jean Giraud (Moebius). Sin embargo, Cadelo aporta una sensibilidad propia, imbuida de un cierto barroquismo español y una melancolía particular. Su uso del sombreado y la composición de página crea una atmósfera de extrañeza constante. Cada viñeta está diseñada para ser explorada, llena de texturas que sugieren el paso de los siglos sobre la piedra y la piel. El diseño de vestuario y de tecnología arcaica refuerza esa sensación de "futuro pasado" que impregna toda la obra.
La importancia de esta saga radica en su capacidad para elevar el cómic de género a una categoría artística superior dentro del panorama nacional de su época. En un momento en que el cómic para adultos en España buscaba nuevas fronteras, Cadelo ofreció una propuesta que exigía una lectura activa y reflexiva. *La saga de Alandor* no ofrece respuestas fáciles ni finales cerrados de forma convencional; en su lugar, invita al lector a participar en el vagabundeo de su protagonista, compartiendo su asombro y su soledad frente a la inmensidad de un mundo que se desmorona con elegancia.
En resumen, esta obra es una pieza fundamental para entender la evolución de la narrativa gráfica en España. Es un cómic de atmósfera, de sensaciones y de una belleza plástica desbordante que sobrevive al paso del tiempo gracias a su carácter atemporal. Para el lector que busque una experiencia que trascienda la acción pura y se adentre en la construcción de mundos oníricos con una profundidad filosófica subyacente, *La saga de Alandor* sigue siendo una referencia ineludible y un testimonio del talento visionario de Cadelo.