*La Peor Banda del Mundo* (título original: *A Pior Banda do Mundo*), del autor portugués José Carlos Fernandes, es una de las obras más singulares, densas y fascinantes del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente en seis volúmenes y recopilada posteriormente en integrales, esta obra se aleja de las estructuras narrativas convencionales para ofrecer un tratado metafísico sobre la futilidad, la burocracia y la melancolía, todo ello envuelto en un humor inteligente y profundamente absurdo.
La premisa que da título a la obra es, en realidad, un macguffin o un punto de anclaje para un universo mucho más vasto. La banda en cuestión está formada por un grupo de músicos que se reúnen periódicamente en un sótano para ensayar, pero con una particularidad fundamental: nunca llegan a tocar una sola nota. Sus encuentros se pierden en digresiones teóricas, discusiones sobre instrumentos inexistentes o simplemente en el peso del letargo. Esta banda es el eje central de una ciudad anónima y atemporal, una metrópolis que parece suspendida en un eterno otoño de mediados del siglo XX, donde la realidad se rige por leyes lógicas que rozan lo delirante.
El cómic se estructura a través de historias cortas, a menudo de una o dos páginas, que funcionan como viñetas de un catálogo de lo imposible. Fernandes construye un mundo donde la burocracia ha alcanzado niveles ontológicos. En esta ciudad, existen instituciones dedicadas a las tareas más insólitas: oficinas de objetos perdidos que custodian recuerdos olvidados, archivos de ruidos que ya nadie escucha, o departamentos gubernamentales encargados de gestionar la nostalgia. El autor utiliza estos escenarios para explorar la condición humana, el paso del tiempo y la obsesión del hombre por dar sentido a lo que carece de él.
Uno de los pilares de *La Peor Banda del Mundo* es su capacidad para retratar el fracaso no como una tragedia, sino como un estado estético y filosófico. Los personajes que pueblan sus páginas son eruditos de lo inútil, coleccionistas de nimiedades y burócratas de lo invisible. A través de ellos, Fernandes reflexiona sobre la literatura, la ciencia, la religión y el arte, siempre desde una perspectiva irónica que evita el cinismo para abrazar una melancolía reconfortante. La obra no busca avanzar hacia un clímax narrativo, sino sumergir al lector en una atmósfera de estancamiento intelectual y belleza decadente.
Visualmente, el estilo de José Carlos Fernandes es el complemento perfecto para su narrativa. Utiliza una línea clara, precisa y detallada, con una composición de página a menudo rígida que refuerza la sensación de orden burocrático y estatismo. El dibujo es sobrio, casi técnico, lo que genera un contraste magistral con el contenido surrealista de los textos. La arquitectura de la ciudad, los interiores atestados de libros y archivadores, y la vestimenta formal de los personajes contribuyen a crear una sensación de anacronismo deliberado. El uso del color (o su ausencia en ciertas ediciones) suele ser contenido, apoyando esa sensación de mundo sepia donde el tiempo se ha detenido.
La obra funciona como una enciclopedia de lo absurdo. El lector se encuentra con inventores de máquinas que no sirven para nada, escritores que redactan libros destinados a ser olvidados y filósofos que discuten sobre la nada. Sin embargo, bajo esta capa de excentricidad, subyace una crítica mordaz a la modernidad y a la hiperespecialización del conocimiento. Fernandes logra que lo cotidiano se vuelva extraño y que lo imposible parezca una rutina administrativa más.
En definitiva, *La Peor Banda del Mundo* es un cómic que exige una lectura pausada. No es una obra de acción, sino de contemplación y reflexión. Es un laberinto borgeano plasmado en viñetas, donde la música es el silencio y la ciudad es un organismo vivo alimentado por el papel sellado y los sueños frustrados. Es, sin duda, una pieza imprescindible para entender las posibilidades del lenguaje del cómic cuando se hibrida con la literatura de vanguardia y el pensamiento filosófico, ofreciendo una experiencia de lectura que permanece en la memoria mucho después de haber cerrado el libro.