La Mondaine

La Mondaine, obra del guionista belga Zidrou y el dibujante español Jordi Lafebre, es una de las crónicas sociales más lúcidas y agridulces del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente en dos volúmenes, la historia nos traslada al París de finales de los años 30, un periodo de entreguerras marcado por una aparente ligereza que oculta la sombra inminente del conflicto bélico y una profunda hipocresía moral.

La trama se centra en la figura de Aimé Louzeau, un joven de carácter retraído, pulcro y extremadamente ingenuo que acaba de incorporarse a la "Brigade de Répression del Prostitution et du Proxénétisme", conocida popularmente como *La Mondaine* (la Brigada de Costumbres). Aimé vive con su madre, una mujer posesiva y de férreos valores católicos, lo que genera un contraste violento con su nuevo entorno laboral: un mundo de burdeles, prostitutas de calle, perversiones clandestinas y la gestión burocrática del vicio.

A diferencia de otros relatos policiales ambientados en la época, *La Mondaine* no busca la resolución de un gran crimen ni se apoya en la acción trepidante. Zidrou construye un relato de corte costumbrista y psicológico. La brigada no es un grupo de héroes, sino una oficina de funcionarios grises que patrullan la noche parisina, fichando a mujeres que intentan sobrevivir y lidiando con la doble moral de una burguesía que frecuenta los mismos lugares que condena públicamente. El cómic se convierte así en un estudio sobre la mirada: la mirada del novato que descubre la suciedad del mundo, y la mirada de una sociedad que prefiere reglamentar el pecado antes que comprenderlo.

El desarrollo de Aimé es el eje vertebrador de la obra. Su paso por la brigada es un rito de iniciación tardío y traumático. A través de sus ojos, el lector recorre los famosos *maisons closes* (burdeles legales) y los callejones más oscuros de la capital francesa. Sin embargo, el guion de Zidrou evita caer en el morbo gratuito. El autor prefiere centrarse en la humanidad de los personajes, tanto de los policías —cada uno con sus propias taras y secretos— como de las mujeres a las que vigilan. Hay una melancolía constante que impregna las páginas, una sensación de que todos los personajes están atrapados en roles que no han elegido del todo.

El apartado visual de Jordi Lafebre es, sencillamente, magistral y fundamental para el tono de la obra. Su estilo, que combina una base de dibujo clásico franco-belga con una expresividad moderna y casi cinematográfica, logra dotar a París de una atmósfera tangible. Lafebre huye del realismo sucio; en su lugar, utiliza una línea elegante y una paleta de colores cálidos, ocres y apagados que evocan la nostalgia de una época que está a punto de desaparecer. La capacidad del dibujante para captar la gestualidad y la psicología de los personajes permite que gran parte de la narrativa recaiga en los silencios y en las miradas, algo vital en una historia donde lo que se calla es tan importante como lo que se dice.

Otro elemento crucial es el contexto histórico. La historia se desarrolla entre 1937 y 1940. Mientras la brigada se ocupa de minucias morales y de perseguir "el escándalo", el mundo exterior se desmorona. La amenaza nazi crece en la frontera y la sensación de fin de época es omnipresente. Zidrou utiliza este telón de fondo para subrayar la futilidad de la labor de la brigada: mientras ellos se esfuerzan por mantener un orden moral artificial en las calles de París, el verdadero horror, el que no entiende de reglamentos de costumbres, se aproxima de forma inevitable.

*La Mondaine* es, en definitiva, un cómic sobre la pérdida de la inocencia y la complejidad de la naturaleza humana. No juzga a sus personajes, sino que los expone en toda su fragilidad. Es una obra que habla de la soledad, de la represión sexual y de cómo las instituciones intentan, sin éxito, poner puertas al campo de los deseos y las miserias humanas. Para el lector, representa una inmersión profunda en una Francia que ya no existe, servida con una sensibilidad narrativa y visual que la sitúa como una pieza imprescindible del catálogo de sus autores. Una lectura que, bajo su apariencia de drama histórico, esconde una reflexión universal sobre la identidad y la redención.

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