Tras años de silencio editorial y un alejamiento de la cultura popular que lo encasilló en la comedia slapstick de los años noventa, el artefacto de jade más peligroso del noveno arte regresa a sus raíces más viscerales. "La Máscara: El Retorno" (cuyo título original en inglés es *I Pledge Allegiance to the Mask*), escrita por Christopher Cantwell y dibujada por Patric Reynolds, no es solo una continuación de la mitología creada por John Arcudi y Doug Mahnke para Dark Horse Comics, sino una reinvención oscura que adapta el caos del "Cabezón" (Big Head) a la compleja realidad sociopolítica del siglo XXI.
La historia se sitúa varias décadas después de los incidentes originales que asolaron Edge City. La leyenda de aquel asesino imparable de rostro verde y sonrisa imposible se ha desvanecido, convirtiéndose en poco más que un mito urbano olvidado o una nota a pie de página en los archivos policiales. Sin embargo, el mal no desaparece, solo espera el momento adecuado para manifestarse. La trama arranca cuando la máscara de madera de Loki reaparece en un entorno mundano, siendo hallada por un individuo cuya frustración y ambición personal sirven como el combustible perfecto para la entidad que habita el objeto.
A diferencia de las adaptaciones cinematográficas, este cómic recupera el tono de horror y sátira nihilista que definió al personaje en sus inicios. Aquí, la máscara no otorga simplemente poderes de caricatura para hacer reír; es un catalizador de los impulsos más bajos del ser humano. El portador no se convierte en un héroe excéntrico, sino en un agente del caos absoluto, un psicópata con recursos ilimitados que no teme desmembrar, torturar o destruir todo a su paso para satisfacer sus caprichos o, en este caso, para alcanzar el poder.
El núcleo narrativo de "El Retorno" gira en torno a una campaña política. Cantwell utiliza la figura de la Máscara como una metáfora mordaz sobre el populismo y la rabia colectiva. El nuevo portador decide que la mejor forma de utilizar su invulnerabilidad y carisma aterrador es postulándose a la presidencia de los Estados Unidos. Bajo el lema de "hacer que todo vuelva a ser divertido", el cómic explora cómo una sociedad desencantada y dividida puede llegar a abrazar a un monstruo literal si este promete romper el sistema establecido. La violencia gráfica, marca de la casa, se entrelaza con una crítica social ácida que disecciona la manipulación mediática y la pérdida de la ética en la esfera pública.
En el apartado visual, Patric Reynolds se aleja deliberadamente del estilo exagerado y elástico de los años noventa. Su dibujo es sucio, realista y cargado de sombras, lo que acentúa la sensación de incomodidad. El diseño de la Máscara en esta entrega es particularmente inquietante: ya no parece una cara de goma, sino una deformidad orgánica y purulenta que contrasta violentamente con los entornos cotidianos y grises de Edge City. El uso del color por parte de Lee Loughridge refuerza esta atmósfera, utilizando una paleta apagada donde el verde de la máscara resalta como una infección radiactiva que lo contamina todo.
Paralelamente a la ascensión política del nuevo Big Head, la obra sigue los pasos de personajes que intentan detener la masacre, incluyendo a figuras que guardan una conexión traumática con el pasado del artefacto. La narrativa se construye como un thriller de suspense donde el horror corporal y el comentario político convergen en un clímax que cuestiona si el verdadero peligro es la máscara en sí o la oscuridad que ya reside en el corazón de quienes desean ponérsela.
En definitiva, "La Máscara: El Retorno" es una obra cruda que devuelve al personaje al pedestal del cómic independiente de culto. Es un recordatorio de que, detrás de la sonrisa de dientes blancos y el traje amarillo, se esconde una fuerza de la naturaleza amoral que no busca justicia, sino la aniquilación total de las normas sociales a través de la risa más sangrienta imaginable. Es un cómic denso, visualmente impactante y temáticamente relevante que satisface tanto a los lectores veteranos como a aquellos que buscan una historia de terror político sin concesiones.