La Mandragora

La Mandrágora (Mandrake the Magician) es una de las obras fundamentales en la historia del noveno arte, considerada por historiadores y críticos como el primer superhéroe de la narrativa gráfica, incluso antes de la irrupción de Superman. Creada por el guionista Lee Falk en 1934 y visualmente definida por el dibujante Phil Davis, esta historieta no solo estableció las bases del género de aventuras, sino que introdujo conceptos narrativos y visuales que se convertirían en estándares de la industria durante décadas.

La trama sigue las andanzas de Mandrake, un ilusionista de escenario que posee una habilidad extraordinaria: la capacidad de hipnotizar a sus adversarios de manera instantánea. A diferencia de otros personajes de la época que dependían exclusivamente de la fuerza bruta, Mandrake utiliza su intelecto y sus "gestos hipnóticos" para hacer que sus enemigos vean ilusiones que los incapacitan. El cómic se aleja de la magia mística real para centrarse en una forma de control mental extremadamente sofisticada, lo que otorga a las viñetas un componente surrealista único, donde la realidad se dobla según la voluntad del protagonista.

El diseño visual del personaje es icónico y ha permeado la cultura popular: un hombre elegante, de bigote fino y pulcro, vestido siempre de etiqueta con frac, chistera y una capa forrada de seda roja. Esta apariencia no es solo estética, sino que refuerza su identidad como un aristócrata del misterio que se mueve con la misma soltura en los clubes más exclusivos de la alta sociedad que en los callejones más peligrosos de las metrópolis modernas.

Un pilar fundamental de la serie es la relación de Mandrake con su compañero inseparable, Lothar. Originalmente presentado como un príncipe africano que renunció a su trono para acompañar al mago, Lothar es la fuerza física que complementa la agudeza mental de Mandrake. Es relevante destacar que, para la época de su creación, Lothar representó uno de los primeros personajes negros con un rol heroico y recurrente en el cómic estadounidense, evolucionando con el paso de los años desde un rol de asistente hacia una relación de amistad y respeto mutuo en igualdad de condiciones.

El universo de *La Mandrágora* se expande a través de una galería de personajes secundarios y localizaciones fascinantes. Entre ellos destaca la princesa Narda, el interés romántico del protagonista, quien no cumple el rol de damisela en apuros, sino que a menudo participa activamente en las misiones. El centro de operaciones del grupo es Xanadú, una mansión tecnológica y lujosa ubicada en la cima de una montaña, que sirve como refugio y base de alta tecnología, adelantándose a conceptos como la Batcueva.

En cuanto a su estructura narrativa, el cómic transita por diversos géneros. Aunque comienza como una serie de misterio y lucha contra el crimen organizado y gánsteres de la era de la Depresión, pronto evoluciona hacia la ciencia ficción y la fantasía épica. Mandrake se enfrenta a científicos locos, invasores de otras dimensiones, dictadores de naciones ficticias y criminales internacionales como "El Cobra", su némesis más recurrente. La versatilidad de Lee Falk para escribir guiones permitía que una semana la historia fuera un relato de espionaje y la siguiente una aventura interplanetaria.

El estilo artístico de Phil Davis, caracterizado por un dibujo limpio, académico y una atención meticulosa al detalle en la vestimenta y la arquitectura, dotó a la serie de una elegancia cinematográfica. Su uso de las sombras y la composición de página ayudaba a transmitir la sensación de hipnosis, haciendo que el lector compartiera la confusión de los villanos ante las ilusiones de Mandrake.

En resumen, *La Mandrágora* es un título imprescindible para entender la evolución del cómic de aventuras. Su mezcla de elegancia, misterio y el uso innovador de la psicología sobre la violencia física lo posiciona como un clásico atemporal que definió el arquetipo del héroe sofisticado y sentó las bases para futuros personajes con habilidades mentales en el mundo de los superhéroes.

Deja un comentario